Compositores Venezolanos

La Colonia

Inicios

Como es imagen del tiempo, cada tiempo tiene su música. En lo concerniente al tiempo que llamamos en la música "período colonial venezolano", sólo se conoce con precisión lo que se refiere a su etapa final, correspondiente al último tercio del siglo XVIII y primer tercio del siglo XIX, pues sólo se conservan manuscritos musicales que datan de esta época.

En otras regiones de América sí encontramos manuscritos mucho más antiguos que datan de mediados del siglo XVI. Esos manuscritos reposan en catedrales que se levantaron en ciudades virreinales como Ciudad México, Guatemala, Nueva España, Bogotá, Lima. Cada catedral poseía su capilla musical, dirigida por un maestro de capilla que era secundado por un organista y un grupo de cantantes e instrumentistas. La vida pública y sobre todo la actividad musical de las ciudades americanas giraba en torno a las catedrales.

La historia musical de occidente mantiene con la iglesia una deuda enorme. Esto es particularmente cierto en nuestro país que, como el resto de los países de América Latina, fue sometido a un proceso de evangelización y conversión católica de sus habitantes; sólo bajo esta condición eran otorgadas concesiones políticas y económicas en los territorios conquistados. Podemos entender entonces cómo la concepción del mundo y la moral establecida en Venezuela durante la conquista fue simplemente aquella relativa a la religión católica. Es claro, pues, que la historia cultural y musical venezolana se encuentra estrechamente vinculada a ese credo religioso.

Gracias a diversos documentos sabemos de la actividad musical en las catedrales venezolanas. La primera de éstas comenzó a ser levantada el año 1535 en Santa Ana de Coro, sede desde 1531 del Obispado de la Capitanía General de Venezuela. Desde 1536, cuando se nombró al clérigo Juan Rodríguez Robledo como 'chantre' de la catedral de Santa Ana, la música estuvo siempre presente en las celebraciones religiosas de nuestro país. Diversos documentos nos muestran el profundo interés que tuvieron nuestros obispos de acompañar nuestras festividades religiosas con la mejor música, intentos que siempre encontraron trabas de tipo económico, solventadas medianamente con las modestas contribuciones de los fieles. Frecuentemente azotada la ciudad de Coro por piratas, el Obispado de Venezuela fue trasladado a la ciudad de Santiago León de Caracas hacia el año 1636.

La enseñanza musical también era dominio de la iglesia. En 1640, el Cabildo Metropolitano ordenó la creación de una escuela de Canto Llano1. Para dictar una lección diaria en esta institución se contrató a un profesor con un salario de 50 pesos. Se estima que ésta fue la primera escuela de música que existió en Caracas. Luego, en 1696, se fundó en el Colegio Seminario de Santa Rosa una cátedra de Canto Llano para la cual se nombró maestro de capilla catedrático a don Francisco Pérez Camacho. En 1721, el Colegio Seminario fue convertido en la Universidad de Caracas y don Pérez Camacho pasó a retiro. Su sustituto, don Silvestre Mediavilla, no debió haber permanecido mucho tiempo ocupando el cargo que don Pérez Camacho había dejado vacante, ya que casi inmediatamente la cátedra fue cerrada, y así permaneció desocupada desde entonces hasta el año 1774 cuando el presbítero Ramón Delgado, entonces sochantre de la catedral de Caracas, la ocupó hasta 1785.

Hacia esta época, último tercio del siglo XVIII, a pesar de la pobre situación económica, se desarrolló un sorprendente movimiento musical en Caracas. A partir de entonces comenzamos a tener una idea más precisa de la música del período colonial venezolano, gracias a una significativa cantidad de manuscritos musicales que conservamos de este tiempo. Entre esos manuscritos destaca la partitura de una Misa de Difuntos a tres voces compuesta por José Antonio Caro de Boesi "para el uso del Oratorio del Patriarca San Felipe Neri de Caracas". De todos los manuscritos de esta época, éste es el más antiguo. En la primera página aparece una inscripción en tinta: "Año 1779". Conocemos muy poco de la música que se producía en Caracas antes del aparecimiento de esta obra.

Desde finales del siglo XVI, 'chantres', organistas y maestros de capilla de las catedrales de Coro y Caracas, escribieron obras para el servicio religioso. Entre estos músicos cabe nombrar a los ya mencionados Juan Rodríguez Robledo, chantre de la catedral de Santa Ana de Coro desde 1536; Francisco Pérez Camacho, bajonista2 de la catedral de Caracas en 1682, maestro de capilla cinco años más tarde, catedrático de música del Colegio Seminario de Santa Rosa desde 1696. Habría que mencionar a Ambrosio Carreño, nacido en Caracas en 1721 y formado musicalmente por un organista de la catedral, el Padre Jacobo Miranda. Ambrosio Carreño, maestro de capilla de la catedral de Caracas entre 1749 y 1778, dedicó su vida entera a la música, fue maestro de varios músicos de finales de la Colonia, entre quienes destacan Pedro Nolasco Colón.y don Bartolomé Bello, padre de Andrés Bello.

El importante movimiento musical que se consolidó en Caracas hacia la última parte del siglo XVIII, tuvo su impulso fundamental en la figura del Padre Sojo. Don Pedro Ramón Palacios y Sojo, hermano del abuelo materno de Simón Bolívar, nació en Guatire, actual estado Miranda, el 17 de enero de 1739. Era un fiel y empedernido amante de la música; fundó en Caracas una congregación semejante a la del oratorio San Felipe Neri que ya existía en Italia desde 1564. Este oratorio se había caracterizado desde su creación por haber tenido la música como un valioso instrumento de propagación de la fe religiosa. El Padre Sojo viajó a Italia y a España para obtener la aprobación del Papa Clemente IV, la cual le fue otorgada el año 1769, quedando establecido el oratorio, en Caracas, el 18 de diciembre de 1771. Su sede se ubicaba en la actual esquina de Cipreses, ahí donde hoy se levanta el Teatro Nacional.

En la época cuando se fundó ese oratorio, ya había algunos jóvenes que poseían conocimientos musicales. El Padre Sojo se dio a la tarea de agrupar estos talentos dispersos; encargó a uno de ellos, a Juan Manuel Olivares, el adiestramiento musical de otros jóvenes, quienes constituirían las dos generaciones de músicos venezolanos que hemos llamado "Escuela de Chacao", pues estos músicos pasaban temporadas en la hacienda que poseía el Padre Sojo en Chacao, específicamente en la zona caraqueña que hoy llamamos La Floresta. Durante estas temporadas, seguramente recibían enseñanza de Juan Manuel Olivares. Son estos compositores los que produjeron el notable repertorio de música escrita en estilo clásico que constituye el acervo musical de la colonia venezolana. El grueso de la producción de la Escuela de Chacao está constituido por música del género sacro: misas, te deum, motetes, graduales, lamentaciones, pésames, tonos de Navidad, ofertorios, salves, entre otras formas musicales asociadas a las festividades católicas. No se descarta que hayan escrito obras profanas, pero de este género sólo sobrevive el Dúo de violines atribuido a Juan Manuel Olivares.

 


Escuela de Chacao: primera generación

Las obras pertenecientes al estilo de la Escuela de Chacao fueron escritas para dos, tres o cuatro voces, en textura homofónica, es decir, con ritmo similar, en pasajes que alternaban frecuentemente con un "solo" vocal sencillo; estaban instrumentadas estas obras para la: violines, violas, violonchelos, contrabajos, dos oboes, dos trompas, con incorporación ocasional del clarinete, la flauta o el fagot. En cuanto a carácter, esta música, austera en recursos, es expresiva en contenido emocional y excluye todo elemento afro o indio.

El estilo de la Escuela de Chacao -el sentimentalismo que le era propio, su sencillez de recursos armónicos y contrapuntísticos empleados- fue conservado por nuestros compositores hasta bien entrado el siglo XIX. Muchas obras de los compositores de la Escuela de Chacao lograron alcanzar tal popularidad que fueron reescritas una y otra vez a lo largo del siglo XIX, logrando sobrevivir al desastre de la Guerra de Independencia, a la subsiguiente Guerra Civil, y a la acostumbrada amnesia histórica característica de la modernidad occidental. Es esta popularidad, junto al esfuerzo tenaz de nuestros músicos y musicólogos, lo que explica la supervivencia del repertorio colonial venezolano. Habría que agregar a este impulso conservador, el elemento que proporciona nuestro orgullo nacional, ya que todos los compositores de la Escuela de Chacao, músicos venezolanos de la Colonia, nacen y se forman en Venezuela, llegando incluso a estar íntima y activamente involucrados con la causa independentista.

La música de la Escuela de Chacao, a pesar de su relativa sencillez, goza de una particular expresividad, un aliento singular que la diferencia también de otras escuelas contemporáneas. Juan Bautista Plaza, en un estudio detallado sobre la música colonial venezolana, observa que los músicos venezolanos de la Colonia produjeron una música que estaba al día con la europea de entonces. Hubo que esperar mucho tiempo para que en Venezuela se repitiera ese fenómeno de contemporaneidad en producciones musicales.

Compositores de este período:


Escuela de Chacao: segunda generación

Surgió con el tiempo una generación de jóvenes compositores formados dentro del estilo de la Escuela de Chacao, de allí que se conozca este grupo con el nombre de "Segunda Generación" de la mencionada escuela. En las obras que hoy se conservan de estos músicos, se hace evidente una asimilación del espíritu de la música religiosa europea del siglo XVIII. El estudio de las obras de los grandes maestros del clasicismo europeo les brindó a estos músicos los medios técnicos a través de los cuales pudieron satisfacer necesidades del ambiente espiritual de la época.

El estilo de la Escuela de Chacao seguramente se vio afectado por el levantamiento de un teatro público en el año 1783 en la actual esquina de El Conde. Su construcción había sido ordenada por el gobernador Capitán General Brigadier don Manuel González de Navarra, quien tuvo a su cargo la administración pública venezolana desde finales de 1782. La presencia de un teatro público es muestra de cómo la vida civil caraqueña empezaba a exigir sus propias manifestaciones culturales y sociales. En mayo del año 1808, en este teatro se llevó a efecto en Caracas la primera temporada de ópera, la cual estuvo a cargo de la compañía francesa Espenú.

En el teatro de El Conde se realizaban representaciones donde, al final del espectáculo, se entonaban canciones patrióticas que eran coreadas con entusiasmo por el público. Para estas presentaciones, seguramente se requirieron servicios de músicos, quedando abierto un nuevo campo de trabajo para ellos. Los inventarios del teatro apuntan el pago que se hizo en varias ocasiones a músicos pero lamentablemente no se especifica a quienes. Los compositores de la Segunda Generación de la Escuela de Chacao entraron en contacto con repertorio profano fresco, lo cual tuvo que influenciar en sus conceptos formales y repercutir en sus creaciones.

Compositores de este período

 


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