La piedra del Quinto Sol: espejo de la cosmovisión del México antiguo.

Por Marcelo Lagos H.

Existen ciertas imágenes que se han transformado en iconos de determinadas culturas precolombinas como los adornos de plata de una machi mapuche, el cuchillo de bronce moche, Machu Pichu, Chichen Itzá o la Piedra del Quinto sol, mal llamada calendario azteca. Todas ellas comparten la rara distinción de ser conocidas por el común de las personas, sin embargo este conocimiento es, la mayor de las veces, errado o deformado, los interesados en la historia de estos pueblos antepasados nuestros, estamos embarcados en la tarea de dar a conocerlos mas allá del simple turismo, cada uno de los objetos o las ciudades de estas civilizaciones desaparecidas nos hablan del esplendor del pasado americano, de ellos quizás uno de los vistos es la piedra del Quinto Sol, en múltiples formas, poleras, adhesivos, platos de cobre, postales, etc. que para la mayoría de las personas son solo una imagen conocida y nada mas.

Pero esta piedra tallada es en realidad un reflejo de siglos de tradiciones y leyendas, casi el equivalente a nuestros libros del Génesis y Apocalipsis bíblicos, sus relieves cuentan la historia mítica que explica las creencias del pueblo azteca y otros de la zona mesoamericana sobre el origen y el fin de su mundo. Técnicamente es un disco de basalto de 3,6 metros de diámetro y un peso de mas de 20 toneladas.

Existía en tiempos de la llegada de los españoles tal como lo recogieron después los cronistas un mito antiguo en México conocido como "Los cinco soles", los aztecas creían que ellos vivían en la ultima y quinta creación del mundo y llamaban a cada creación un sol, el texto empieza así " ya hubo cuatro vidas y esta era la quinta edad (...) habían existido cuatro clases de hombres cuatro clases de vida. Sabían que cada una de ellas había existido en un sol (edad)" el mito continua describiendo las distintas edades y sus fines, el primer sol, cuya fecha según el calendario azteca era 4-agua y los primeros hombres forjados de ceniza fueron exterminados por el agua. El signo del segundo fue 4-tigre época en que vivían gigantes, el fin del tercer sol (4-lluvia) fue más dramático, llovió fuego del cielo "los que vivían se quemaron y durante él llovió también arena, y decían que en él lloviera las piedrezuelas que vemos que hirvió la piedra tezontle y que entonces enrojecieron los peñascos". El cuarto sol se llamó 4-viento y finalmente tenemos el quinto sol "4-movimiento es su signo. Se llama sol de movimiento porque se mueve, sigue su camino. Y como andan diciendo los viejos, en él habrá movimientos de tierra, habrán hambres y así pereceremos en un año 13-caña".

 

Según el esquema de la Piedra podemos encontrar en ella las partes del relato, los relieves cuadrados del centro ilustran las fechas de las destrucciones de los anteriores soles, por jaguares (A), por el viento (B), la lluvia de fuego (C) y el agua (D). El sol de los aztecas, es decir el Quinto llegaría a su fin en la fecha 4-movimiento representada por el dibujo abstracto conocido como "Ollin" en el centro (F), esto es el contorno, pues el centro propiamente tal lo ocupa la figura del dios del sol, Tonatiuh, aunque también se interpreta como Tlatecuchtli, divinidad de la tierra (G), en su boca sobresale un cuchillo de pedernal, con que los aztecas hacían sus sacrificios, da la idea de una lengua que prueba la sangre de sus víctimas (H) En los costados garras de animal sostienen corazones humanos, alimento de los dioses (I), por ultimo y enmarcándolo todo dos serpientes de fuego encierran la piedra (K).

La frecuente confusión con un calendario se debe a los símbolos que van del numero 1 al 20 y que son los días de un mes mexicano, pero es mas una metáfora acerca del tiempo y la vida, simbolizados en el movimiento del sol, que una alusión a un sistema de cuenta del tiempo como nosotros entendemos hoy los calendarios.

Este es el verdadero y más profundo significado de un objeto en apariencia conocido por el grueso de las personas. Siempre resulta importante una visión mas profunda de las cosas que damos por sentadas, en especial cuando a través de ellas podemos asomarnos por la ventana de la Historia hacia un pesado perdido que, sin embargo, nos pertenece en tanto americanos.

 


Bibliografía: Carlos Villanes, Isabel Córdoba, Literaturas de la América precolombina, Ed. Istmo, Madrid, 1990

Osvaldo Silva Galdames, Prehistoria de América, Ed. Universitaria, Santiago, 1970

The Aztecs, National Geographic, Vol. 158, Nº6, 1980


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