
2. El Complejo de Gizeh: En él se lograron las más directas intenciones de los egipcios y los
edificios más imponentes en un grupo de tumbas reales.
3. El Complejo de Deir el - Bahari: Era el templo funerario de la reina Hatshepsut, en el
cual desaparecen las masas megalíticas y el sistema de estructura trilítica es
el predominante.

4. Complejo de Medinet - Abú: Es el templo mejor conservado, es catalogado como una degeneración,
tanto de forma como de la decoración egipcia, desapareciendo en él la pureza
clásica.

El deseo de concretar un
orden eterno era esencial para demostrar la continuidad de la vida después de
la muerte. Las tumbas y los templos
funerarios, es decir las moradas de la eternidad, eran por lo tanto las obras
edilicias más importantes en el antiguo egipcio. El orden vital a concretarse estaba íntimamente relacionado con
la estructura de la naturaleza y el paisaje de Egipto. El templo reitera, en menor escala la misma
estructura. A semejanza de un oasis axialmente organizado y ortogonalmente
estructurado, debía ser una representación directa del cosmos egipcio. Esto se
hace aún más evidente cuando se observa su entrada monumental, el pilón que
consiste en dos torres macizas con muros inclinados, unidas por una alta
puerta. Sobre ella, entre las torres,
se halla una representación del sol. Es evidente la relación con e jeroglífico
del mundo. Como los templos en general
estaban orientados al este el sol naciente se vela desde el interior entre las
dos mitades del pilón y la puerta representaba la entrada al cielo, a través de
la cual emergía el resplandeciente dios sol y su representante terreno el
faraón.
Básicamente la planta del templo consta de tres
partes: Un patio con columnas, una sala hipóstila y un santuario organizados
axialmente. En los templos más vastos
suele haber dos patios y dos o más salas.
En tanto que el patio se abre al firmamento y al sol, las salas están
cubiertas con techos decorados con estrellas pintadas. El simbolismo es evidente. La sala principal
servía como sala de audiencias, en la cual el príncipe del templo palacio se
presentaba en medio de su corte. Por lo común estaba iluminada
cenitalmente. A medida que se penetra en
el templo, los espacios se hacen más pequeños.
El piso se eleva y el techo desciende. Por último el santuario aparece
como una celda circunscrita al extremo de eje, el cual se pierde en una
simbólica puerta falsa, tallada en el muro del oeste. El recorrido egipcio no
conduce hacia un espacio monumental sino que representa el curso de la vida
como un eterno retorno a los orígenes.
El trazado sistemático de los grandes templos del
nuevo imperio estaba prefigurado en los complejos de pirámides del antiguo
imperio. La tumba propiamente dicha, la pirámide está precedida por un templo
funerario que contiene una sala, un patio y un santuario con una puerta falsa
en el muro del oeste. Hacia el este una
calzada recta y larga desciende hacia el vestíbulo o templo del situado sobre el Nilo ésta es otra
interpretación del recorrido con la masa estática y absoluta de la pirámide
como meta. La pirámide puede ser
interpretada como una versión monumental de la mastaba, tumba más sencilla y
más antigua que derivaba a su vez de una forma más primitiva el túmulo de
tierra.
En general, los edificios egipcios representan una
síntesis de cuatro ideas fundamentales: El oasis cerrado, la masa megalítica,
el orden ortogonal y el recorrido o eje.
Todas representan simbólicamente en la arquitectura
egipcia para concretar experiencias existenciales fundamentales y reunidas,
constituyen una convincente representación del cosmos egipcio. Las otras construcciones como las viviendas
utilizan las formas dominantes pero con menos rigor que las grandes obras
grandes públicas.

Se
desarrollaron naturalmente a partir del deseo de representar un cosmos
sumamente organizado. Como la organización espacial, simbolizaba las cualidades
generales del mundo egipcio, se apelaba a otros medios a fin de mostrar que la vida
orgánica y la humana también correspondían a este cosmos. Ya desde las primeras dinastías la
arquitectura en piedra está decorada con motivos vegetales o con formas tomadas
de construcciones más livianas en madera.
Es preciso distinguir entre dos intenciones a este respecto. Dado su carácter de esqueletos las
estructuras de madera constituían una importante fuente de inspiración por la
articulación de la masa de arcilla inicialmente amorfa de los edificios en
arcilla y piedra, los motivos vegetales también se empleaban debido al deseo de
dar a todos los aspectos de la vida una forma eterna absoluta.
Toda totalidad articulada debe estar constituida por
elementos que tienen una función diferente dentro del conjunto, pero que son
interdependientes más que independientes.
La arquitectura egipcia muestra el primer intento
consciente y sistemático para lograr una articulación de este tipo. Los diferentes muros exteriores e interiores
de los edificios están separados por molduras que forman una cornisa continua. Los pabellones de Sesostris 1 y Amenofis 1
en Karnak. Aquí también el techo es interpretado como una parte separada por
medio de un profundo caveto. Hubo
artistas en el antiguo imperio que desarrollaron relieves figurativos
destinados a hacer aparecer las acciones de los hombres y de los dioses como
expresiones de un orden divino absoluto.
Puede decirse que estas figuras no expresan sólo una voluntad
individual, sino que forman parte de escenas que poseen un carácter normativo
universal, siempre dejan intacto el plano frontal, se consigue un efecto de
textura que realiza la estructura ortogonal del conjunto en vez de disolverla
en un juego de luz y sombra.
Inicialmente el uso de color fortalecía el efecto.

La expresión más notoria del deseo egipcio de
articulación se halla en la amplia variedad de columnas. Procedían en su mayor
parte de formas de plantas encuentran versiones abiertas y cerradas de columnas
lotiformes, papiliformes y palmiformes. Las columnas eran primordialmente emblemas
de fertilidad, símbolo de la tierra y de las plantas sagradas que surgían del
suelo fertilizado para dar protección, permanencia y sustento a la tierra y a
sus moradores. En ciertos edificios hay
así mismo elementos estructurales más sencillos como las pilastras o la
columnas potrodóricas, que contribuyen ante todo a hacer visible el espacio
ortogonal.
En tanto que arquitecturas más primitivas revelan una
relación inmadura entre los diferentes niveles formales, como es una aplicación
simple del detalle caracterizador, el lenguaje egipcio de las formas
arquitectónicas posee una coherencia lógica que va desde el plano más general
hasta los detalles articuladores. Esta
coherencia es muy simple y consiste en la validez general del orden octagonal.

Se demuestra el carácter totalizador de la
organización espacial egipcia, pero asimismo indican cierto desarrollo en la
arquitectura egipcia. La mayor parte de
las ideas formales constitutivas se hallan ya en Shakkara, como pueden ser el
recinto claramente definido, la sala axial, el patio, la masa megalítica, el
orden ortogonal e incluso los medios principales de articulación así como algo
fortuito. Faltaba una disposición axial general y la planimetría podría definirse
como una geometrización experimental de agrupamientos tipológicos más
primitivos. Los grandes monumentos de
Gizeh significan un paso adelante, en cada complejo piramidal forman una
secuencia lineal y la precisión estereométrica está destacada. La solución
pictográfica de Shakkara ha sido reemplazada por una concepción más general y
abstracta del espacio arquitectónico. Durante el imperio medio este concepto
Llevó al desarrollo de estructuras repetitivas, como comunatas y cornisas
continuas. Esta tendencia culminó con
el templo de la reina Hatshopsut, precursor de las grandes estructuras
trilíticas del nuevo imperio en las cuales la organización axial crea una
síntesis totalizadora final. El
desarrollo de la arquitectura egipcia lleva un enfoque imitativo directo hacia
una concreción de relaciones más abstractas.
El paso decisivo estuvo representado por el reemplazo de pesadas masas
amorfas y por una retícula simbólica de verticales y horizontales, en el antiguo
imperio ésta se aplicaba todavía a la masa o se usaba para organizar espacios
que parecían excavados en la masa como ocurre en la sala de las pilastras en el
templo del Valle de Kefrén. Ulteriormente, la retícula ortogonal asumió una
función constitutiva y los edificios se convirtieron en genuinos símbolos de un
orden absoluto, en vez de ser expresiones directas de algunos de sus
aspectos. Este proceso de abstracción
satisfizo, el deseo egipcio de orden y seguridad, aunque amenazaba con reducir
los símbolos vitales del arte y la arquitectura a mera fórmula estereotipada.
Se afirma que la arquitectura egipcia abomina del
espacio y que su lenguaje formal se basa ante todo en relaciones
plásticas. En la arquitectura egipcia
no se encuentra el espacio interior acogedor, pero no significa que los
egipcios sufrieran de espacio fobia, la tendencia hacia los recintos
circunscritos deriva de la necesidad de estar en un lugar, su modo de tratar la
estructura interior expresa la idea de que el hombre egipcio se sentía siempre
en camino, el espacio se convierte en el escenario de un eterno peregrinaje.
Esto no sólo es simbolizado por el eje longitudinal,
sino también por los espacios intermedios entre los miembros plásticos por
ejemplo entre las columnas de las salas hipóstilas. Estos espacios intermedios a menudo son más pequeños que el
volumen de las masas, por lo cual parecen fragmentarios y no invitan a la
permanencia. En este sentido las masas
son más importantes que los espacios,
pero sólo sirven para definir las relaciones espaciales que según se ha
expresado lo abarcan todo. Dentro del sistema ortogonal general los elementos
espaciales (patios, salas y corredores) son aún relativamente, independientes y
no forman una verdadera continuidad. La
sucesión de pilones o de puertas subrayan el movimiento destacado del
peregrinaje egipcio.