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Cristina Dieckman, la chica del calendario sin límites
Estoy preparándome para ser una conejita Playboy

 Primera finalista del Miss Venezuela 1997, esta rubia de padre brasileño y sangre alemana está por sacar un almanaque con osadas posturas tomadas en Santo Domingo. Imagen de Lony y Valenciana, la modelo promete perturbar tantas mentes como el síndrome Y2K lo hará con las computadoras. Confiesa volverse loca ante las cámaras y quiere seguir los pasos de la controversial Pamela Anderson. Los meses del año 2000 llevan su nombre.


 HECTOR BUJANDA


El calendario saldrá a finales de noviembre


Aún se le recuerda como la primera favorita del Miss Venezuela 1997. Aquella vez, como representante de Nueva Esparta, tuvo que reclinar en la recta final ante Veruska Ramírez, Miss Táchira. La rubia de labios gruesos y redondos, considerada por Giselle Reyes (asistente de Osmel Sousa) como uno de los cuerpos más perfectos del certamen en los últimos años, realizó posteriormente una discretísima participación en el Miss Mundo, quedando eliminada en las primeras de cambio. Sin penas ni glorias, poco se supo de Cristina Dieckman hasta que apareció en cueros en una valla gigantesca de la autopista del Este, en Caracas, anunciando las bondades de los trajes de baño Lony.

 

Después de un silencio de casi dos años (trabajó como bar attendant en Margarita, dando shows "eroticones", como le dice), la ex miss de 22 años empieza a salir del virginal caparazón con una agresiva y desconcertante imagen. Viene de participar en el opening del último Mister Venezuela, y desde entonces nada de "noches tan lindas como ésta", ni sueños rosa coronados en lentejuelas, maquillaje y delgadez extrema. No. Ella, dominada por las virtudes de la piel, acaba de bautizar - también en cueros - la valla publicitaria de la marca valenciana, y desde el pasado miércoles calienta la pantalla de televisión con una modesta participación como modelo oficial de Cuanto Vale el Show ("este empleo tiene la misma jerarquía que trabajar como modelo de una lotería", indica).

 

No contenta con eso, la joven de padre brasileño y sangre alemana está preparando una bomba carnal para el año 2000. Con la producción de Celso de Oliveira, lanzará a finales de noviembre su primer calendario fotográfico, con osadas imágenes tomadas por por Fabricio Patazza en las paradisíacas costas de Santo Domingo. Tan perturbadora para la mente como el síndrome Y2K para las computadoras, Cristina Dieckman da muestras de sus tesoros corporales, que brillan tan desnudos y solitarios como una palmera a la orilla de la playa. Los 12 meses del año 2000 llevan su nombre.

 

Decididamente dispuesta a labrarse una fulgurante carrera como nudista profesional, la es Miss World Venezuela espera sin prisa cada oportunidad que aparece en su horizonte. Criada en Brasil hasta los 10 años, Dieckman tiene como norte hacer una carrera que pueda emular los pasos de la controversial actriz y sex symbol Pamela Anderson. "Eso sí, jamás filmaría una película porno". Pues llegó el momento de decirlo: Dieckman quiere escalar hasta las alturas del imperio de Hugh Hefner y aparecer en la revista más famosa del porno blando: "Estoy preparándome para convertirme en una conejita Playboy".

 
Una venezolana que busca entrar en el imperio de Hugh Hefner, propietario de Playboy


- ¿Cuándo comenzó su interés por los desnudos?

  • Mi carrera en el modelaje ya lleva 14 años. Yo me gradué como modelo infantil a los 10 años, en Sao Paulo, y desfilé en traje de novia a los 12 años. Ya medía para esa época 1,73 de estatura. A los 16 años me inscribí en el certamen Chica 2001 e hice mi primer desfile con Tropicana. Me inscribí en el Mis Venezuela cuando tenía 18 y después tuve que esperar un año para trabajar con marcas publicitarias. En realidad, mi primer desnudo, el de Lony, fue un semidesnudo, pues estaba en push-up. El de Valenciana fue un topless y para el calendario sí los hice completo.

 

- ¿Cuándo dejó el prurito por desnudarse ante las cámaras?

  • En un casting a los 18 años. Yo veían que me llamaban para hacer topless, sentía que toda la gente del medio me quería ver desnuda. Esos eran los trabajos que me proponían. Ahí capté que eso es los que les gusta de mí. Hay hombres que deliran, que sueñan, que se vuelven locos conmigo. Yo no me mojoneo con eso. Pero me mata la sensación de poder. Creer, aunque sea de mentira, que puedo dominar a un hombre. Es decir, creer que no hay ningún hombre en el mundo que haya visto una foto de Cristina Dieckman y no diga "me gustaría acostarme con esa mujer".

- ¿Alguna dificultad con posar en cueros?

  • Fue difícil. Me desnudé totalmente en un sitio donde había dos cámaras y aunque sabes que el fotógrafo es profesional, siempre da algo de cosita. Además tenía de público como a 30 personas. Lo bonito es que no hay morbosidad. Si lo hubiéramos hecho en Venezuela, me habrían acusado de pornográfica. Una se pone un poco tensa, pero como no tienes nada que esconder, no hay complejos ni celulitis, al final el desnudo sale con naturalidad. Si me va bien, voy a lanzar un calendario por año, cada vez más arriesgados.

  

Fantasía ante la Cámara.


- ¿Por qué desnudarse?

  • Lo hago porque yo nací para esto. Lo he conversado mucha veces con mi mamá y ella está de acuerdo: tengo personalidad para modelar desnuda. Yo no puedo pararme frente a una cámara porque me vuelvo loca y mi cuerpo siempre proyecta lo que se me pida. Yo busco romper el parámetro de la miss. Aliciado Machado lo hizo con su gordura. Quiero ser percibida como la miss liberal, la que rompe tabués, la que no tiene límites. Yo no tendría los cojones para hacer lo que hago si no hubiera nacido en Brasil. La mentalidad acá es muy moralista. Muy cerrada. El desnudo no es un asunto vulgar, es un arte: saber proyectar la belleza.

 
Una rubia llena de fantasías de poder: sentir que puede dominar a los hombres con su imagen

- ¿Cómo es eso de querer ser una conejita Playboy?

  • Esa es mi meta. Yo me crié en Brasil. Allá, todas las modelos, incluso Xuxa, han salido en la Playboy. Claro, ella también ha hecho películas pornográficas, y yo a eso no quiero llegar. Quiero seguir los pasos de Pamela Anderson. Quiero dar una imagen parecida, de bomba sexy, de buenota. Lo cómico es que yo no soy así: me considero amiga, sencilla, no soy de nariz empinada, pero cuando me paro frente a una cámara empiezo a desarrollar una fantasía. Sí, la fantasía de que puedo volver locos a todos los hombres.

- ¿En que piensa cuando está tan ligera de ropa?

  • Cuando me fotografían desnuda pienso en algo que me estoy devorando, por ejemplo en un actor que me gusta mucho o en alguien con quien tuve algo que me marcó intensamente. Esas cosas trato de desearlas profundamente, hasta que me salen mis rostros de diabla. Cuando tengo que aparecer triste, en cambio, pienso en mi papá, que está en Brasil, y cuando tengo que dar la imagen de felicidad pienso en chocolates.

 

- ¿Qué le falta para ser una conejita?

  • Los pechos que tengo son míos totalmente. Tengo un estilo gringo que se adapta muy bien a los requerimientos. Pero la semana que viene voy a ponerme más senos, porque las conejitas deben tener mucho pecho. Ahora estoy en 34-B. Yo las quiero como las tenía Pamela Anderson, lo que pasa es que ella no tenía suficiente espalda como para aguantarlas. En cambio a mí me sobra espalda y puedo aguantar mucho más.

 

- ¿Dice enloquecer a los hombres, pero alguien a enloquecido hasta ahora a Cristina Dieckman?

  • Sí ... Es un hombre que está muy presente en mi vida. Es un ex novio. No es que él me enloquece: me mata. Pero no te puedo decir su nombre.

 


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