He sentido vergüenza ajena de estos abusos, y he llegado a comprender que algunos hombres son acosados, provocados y acorralados hasta hacerles cometes una locura.

Soy una mujer separada, he conocido el maltrato, el abandono y la total despreocupación tanto económica como moral y afectiva de mi ex-esposo hacia sus dos hijos. Pero esto no me impide ver que cada día conozco a más hombres que se encuentran en la misma situación en que yo me encontré, y esto no solo me resulta muy chocante, sino absolutamente vergonzoso.

También he llegado a conocer a varias señoras que sin haber dado jamás un palo en el agua viven en una posición desahogada y cómoda gracias a que tienen, en nombre de sus hijos, el uso de disfrute de la vivienda y los bienes del matrimonio, pueden rehacer su vida sentimental gracias a un nivel de vida aceptable que muchas ocasiones proviene íntegramente del salario de un trabajador, su ex-amarido, que se ve reducido a vivir de la caridad de su familia porque los tribunales embargan sin empacho hasta el 90% de su salario.

Además de ser tratados sin miramientos por los tribunales, basta con colocarle el sanbenito de "maltratados", sin existir siquiera pruebas ni denuncias, para que se le degrade socialmente hasta convertirlo en un ser marginal e indigno de cualquier consideración. He presenciado vergonzosas emboscadas en las que los hijos son utilizados como rehenes para armar el espectáculo ante los vecinos, he conocido denuncias falsas y coacciones a testigos, todo por parte de señoras que actúan como verdaderas sanguijuelas, arruinando a sus ex-maridos en todos los frentes posibles, con la complicidad de las autoridades y la más escandalosa discriminación en los tribunales. He sentido vergüenza ajena ante estos abusos, y he llegado a comprender que algunos hombres son acosados, provocados y acorralados hasta hacerles cometes una locura.

El feminismo se ha convertido en el antónimo perfecto del machismo. Nada de aquella igualdad por la que creíamos luchar las mujeres trabajadoras, y en cambio, a opresión, la humillación, la explotación y el maltrato han cambiado de manos. Cuando matan a una mujer, se pide demagógicamente que se apliquen a los ex-maridos las mismas penas que a los terroristas. Ya quisieran pobres desgraciados, expulsados de su casa, despojados de su familia, difamados ante sus vecinos, apartados de sus hijos y condenados de por vida a mantener a su verdugo, tener tantos derechos como esa gentuza. En cambio, la noticia, cada vez más frecuente del asesinato de un hombre a manos de su mujer, pasa como un suelto anecdótico que no merece más comentarios.

Creo que es importante habilitar cuanto antes instituciones que asesoren y ayuden a los hombres en esta situación. Organismos que obliguen al público a escuchar las dos versiones y que impidan la picaresca que se está imponiendo en los procesos de separación. Si su Agrupación esta a favor de conseguir una igualdad real, de ejercer presión para evitar la injusticia por una mera cuestión de sexo, de ayuda al diálogo fuera de los tribunales y a concienciar a ambas partes de que es absurdo entrar en una espiral de acusaciones y crispaciones que sólo nos lleva a la situación actual, les ofrezco mi ayuda y mi colaboración. Las mujeres no hemos ganado gran cosa (basta con oír a las furibundas feministas, exigiendo más y más duras medidas contra "el enemigo") y por contra los hombres han perdido mucho. La pareja y la familia sufren un lento desmoronamiento provocado por la desconfianza y el miedo que produce saber que otro posee armas y medios de chantaje avalados por la Ley. ¿Y qué decir de los hijos?. Creo que hemos olvidado por completo que somos ante todo personas, y además, seré humanos capacitados para hablar y comprender.

Fdo. Esperanza Iglesias León

Granada

   

 

                                                           

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