1. Sería tonto creer en la totalidad de un sentimiento. Sería como pensar que por gustarte un color no te va a gustar otro. Sería como pedir eterna fidelidad a una melodía o a un platillo. Sería como pedir encontrar en un solo atuendo todo lo que necesitamos. El ser humano es un ser social. Necesita un poco de todos un poco de cada quien que lo rodea. Dos canciones por más diferentes que sea pueden tener algo en común y eso es lo que las hace agradables a los oídos del escucha. Un cuadro puede proporcionar la textura mientras que otro da la profundidad o los tonos apropiados. Sería casi imposible encontrar en una sola persona todo el amor y toda la comprensión que necesitamos.
De las personas nos atraen muchas cosas, no hay que engañarnos, el físico sí importa y no porque sea más o menos bonito según una escala de valores que nada tiene que ver con nosotros, sino porque sea más o menos agradable a nuestra vista. Tendemos a ser egoístas y buscar aquellas coas que nos dan placer. Ciertos gestos, ciertas posturas, vocabulario y hasta ciertos olores que nos hacen sentir más a gusto con las personas. Buscamos en uno lo que no encontramos en otro y formamos un extraño y completo archivo de rasgos que van desde los más simples hasta los más exóticos. La mirada del amigo, la sonrisa de la compañera la forma de caminar de otra persona, todo lo que nos parece agradable. Formamos una colección de personas... y personalidades.
Llegamos a darnos cuenta de que ese cuerpo bonito tienen sentimientos bonitos, agradables y que completan de una manera extraña e impresionante a la persona. Los ojos de una persona reflejan un sentimiento, sus gestos reflejan otro. Cada uno de los rasgos que buscábamos son asociados a cierto carácter que complementa nuestra estructura de lo que buscamos en una persona. Esa extraña mirada que nos parecía electrizante, ahora nos damos cuenta de que refleja un momento explícito de un estado de animo, tiene una chispa inconfundible que nos transmite un sentimiento claro y nos hace sentir a nosotros algo. Lo mismo la manera extraña de caminar que denota tal vez inseguridad o confianza o mil cosas a la vez y que nosotros grabamos y comprendemos y asimilamos.
Sentimientos... sentimientos que nos llevan luego a fijarnos más allá... en palabras, en pensamientos e ideas. Imaginamos a la persona como alguien estéticamente agradable y con sentimientos a su vez agradables que tienen vida, piensan y son únicos. El pensamiento del que sonríe con un labio más estirado que otro de una manera dulce es quizá inteligente y nos transmite muchas sensaciones e ideas que no nos podría transmitir el bonito de ojos brillantes. Las ideas son quizá al cabo de todo lo que mantiene a dos personas unidas. Compartir y comprender tanto como aceptar los valores de otros o quizá diferir con ellos pero sobrellevarlos y encontrarles el algo que los hace vibrar es lo que vuelve a las personas indispensables.
2. Realmente al decir que ama el Yo no miente. El Yo tan sólo interpreta en una escala de valores existenetes lo que siente y si es lo que considera amor en ese momento entonces ama al Tu. Es como la cinta scotch: se pega una y por el momento da la impresión de estar super bien pegada. Sin embargo el grado de adhesión depende de la superficie, si está libre de impuresas y es receptivo es más probable que la cinta adhesiva pegue bien, y si no pues se despega, sin que esto quiera decir que no estuviera pegada, sólo quiere decir que se gasto el pegamento. De igual manera es el amor, entre más preparado este el Yo para tender a un Tu, más probable será que la relación sea duradera, sin que esto quiera decir que por durar menos fuese menos sincero el sentimiento.
El amor es un sentimiento complejo ya que se compone de muchas emociones simples que convergen en un mismo punto y se dirigen hacia la misma persona. En mucho depende la preparación del Yo para poder amar. La capacidad amatoria se adquiere en la mayoría de los casos durante la infancia, pero se puede seguir desarrollando toda la vida. Para poder amar se requiere de madurez, la madurez es indispensable para poder aceptar sin querer cambiar los valores de la persona amada. Esta madurez viene a ser el adhesivo que mantiene juntas a las personas, en el grado en que se puedan aceptar las diferencias se podra trabajar en ellas para que los unan cada vez más y para que no sean las diferencias que los unieron las diferencias que los separen luego.
Veamos el caso de un joven que se dice enamorado como nunca y que le jura su amor a una chica. Él, ¿está mintiendo o dice la verdad? Puesto que el amor es subjetivo y no podemos asegurar que todos cuando amamos ni sintamos lo mismo, ni hablemos de lo mismo, hariamos bien en creerle. Solo que hay una razón más fuerte para creer que dice la verdad. El amor en el momento en que se siente está y no se puede analizar porque todavía está en proceso evolutivo. No se puede saber si un pastel está bueno hasta que se termina de cocinar y lo probamos con relación a otros que hemos probado antes. Por lo tanto, como me dijeron alguna vez no podrás saber quién fue el amor de tu vida hasta que estando en tu lecho de muerte te acuerdes de todos aquellos a quienes amaste y digas ese fue. Alguna vez escuche también que una monja escribía a su seductor agradeciéndole por haberla hecho sufrir porque así sabía lo que había sido amar.
El amor evoluciona definitivamente, el amor de hoy antes y después no es el mismo. Las personas cambian y aprenden, por lo que su amor también cambia. De alli que lo que ayer parecía maravilloso hoy puede ser tierno, pero nunca tan grande y apasionado como lo de ahora, simplemente en su momento, fue lo máximo. De allí que el acusado queda libre de culpa puesto que cuando le juró amor a la chica no mentía simplemente el creía y estaba seguro de que en ese momento la amaba.
3. ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Ya antes he mencionado la subjetividad del amor y de lo difícil que es que todos sintamos lo mismo cuando "amamos". Nuestro lenguaje es limitado cuando se trata de hablar de sentimientos, realmente no tenemos una gama muy variada de dónde escoger. O te quiero, o te amo o te estimo, quiza te aprecie, te guarde cariño, te adore o le encantes, pero será dificil encontrar un verbo adecuado para un sentimiento preciso porque entonces cada quien hablaría un idioma distinto.
¿Significa que entonces no hablamos de lo mismo? Bueno, pues sí y no. Sí hablamos de lo mismo porque bajo nuestra preconcepción iconográfica ya sabemos que el amor es bonito, que es entrega y que es un montón de cosas que la sociedad, la tele y hasta los juguetes se han encargado de hacernos saber, y no porque mi amor no es lo mismo que el amor de los demás y cada quién piensa y siente distinto.
Esto no quiere decir que podamos hablar de que un sexo ama más que el otro, o que a una edad se ama más que a otra, simplemente es distinto y no por eso menos auténtico.