EL ADMIRABLE PUEBLO JUDÍO

 

 

por     JUAN JOSÉ CASTILLOS

 

 

 

 

 

Un pagano vino a Hillel y le dijo al rabino

que quería hacerse judío pero estaba muy

frustrado por su imposibilidad de poder

comprender la Torá, los cinco libros de

Moisés. El rabino le respondió: "Ama a

tu prójimo como a ti mismo, esa es toda

la Ley, lo demás son comentarios".

 

Rabino Hillel, siglo I antes de nuestra era

 

 

 





Los judíos son hoy una parte en general poco numerosa de la población de muchos países y tienen como denominador común costumbres y creencias que se remontan a miles de años atrás y que definen su identidad como grupo humano.

Tolerados, respetados, resistidos, odiados, expulsados, toda su historia reciente es una sucesión de migraciones y desarraigo que han marcado profundamente su personalidad individual y comunitaria.

En torno a ellos se han tejido innumerables leyendas que basadas en la ignorancia y los prejuicios irracionales condujeron a grandes injusticias y persecuciones.

Procuraremos en las siguientes páginas arrojar luz sobre algunos de estos aspectos en la esperanza de que puedan contribuir a una mejor comprensión entre los pueblos y a desvirtuar creencias infundadas.






Ante todo conviene diferenciar entre hebreos y judíos. Los primeros eran uno de los numerosos pueblos que habitaron más o menos permanentemente territorios del Asia Occidental, poco distinguibles unos de otros durante el tercer y el segundo milenio antes de nuestra era. Los judíos adquirieron tal denominación mucho más tarde, en la época de la dominación romana, aunque algunos prefieren remontar tal diferenciación a la adopción del monoteismo y de la Torá como la Ley mosaica que habría de regir sus vidas posteriormente, referida al reino de Judá, con su capital Jerusalén, que sobrevivió a las conquistas de los asirios en el primer milenio antes de nuestra era.

El otro reino hebreo, Israel, fue aniquilado por éstos quienes expulsaron a sus habitantes hacia otras regiones, originando la creencia en las "diez tribus perdidas", en tanto que en Judá permanecieron las dos restantes, de Benjamín y de Judá.

Cabe precisar aquí que la creencia judía y cristiana en un gran Éxodo de judíos de Egipto liderados por Moisés, quienes conquistaron luego la "tierra prometida" en Canaán, así como la anterior migración de Abraham desde Mesopotamia hacia Palestina, se asienta exclusivamante en los relatos bíblicos, ya que la arqueología hasta el momento presente no ha aportado indicio concreto alguno que apoye la veracidad de tales textos.

Ni siquiera existen indicios del reinado del mismo gran monarca Salomón, quien habría hecho construir el primer templo en Jerusalén, y el primer dato arqueológico concreto referido a los judíos es la famosa estela del reinado del Faraón Merneptah de la XIX dinastía egipcia, hacia el año 1200 antes de nuestra era, en la que al parecer está mencionado el nombre de Israel como uno de los numerosos reinos derrotados por los egipcios en esa época.

Hago esta aclaración pues yo mismo en anteriores publicaciones me referí al Éxodo y a otros relatos bíblicos como una realidad histórica, lo que demuestra el arraigo de concepciones religiosas que la arqueología no ha podido todavía confirmar o desmentir aún en personas que, educadas en esas creencias, han dejado de tenerlas o deberían someterlas a estudio crítico en base a los resultados de las extensas y prolongadas investigaciones arqueológicas en Palestina y en regiones vecinas.

Luego de los asirios, los babilonios conquistaron al reino de Judá y deportaron a gran parte de la población, especialmente a la elite local, a Babilonia.

El rey persa Ciro el Grande posteriormente permitió el regreso de los judíos a su tierra y la reconstrucción del templo en Jerusalén, con lo que se produjo un renacimiento de la religión y las tradiciones judías bajo el dominio persa. La conquista de este imperio por Alejandro de Macedonia y el surgimiento de la dinastía seléucida generó nueva opresión sobre los judíos, quienes al ver su templo amenazado nuevamente por su dedicación a cultos paganos, se rebelaron y bajo el liderazgo de la dinastía macabea gozaron de un siglo de independencia. Luego, la llegada de los romanos puso fin a la autonomía, primero bajo dinastías locales sumisas y luego con la declaración de Judea (Palestina) como provincia romana.

Un ejemplo del amor de los judíos por su libertad y su rechazo a la opresión fue la última resistencia de los sicarios en el palacio y fortaleza de Masada, donde con sus familias prefirieron, luego de una prolongada y heroica defensa, inmolarse antes que ser reducidos a la esclavitud o crucificados por los romanos.

La creciente opresión política y económica y la intolerancia ante la religión judía provocaron sucesivas insurrecciones hasta que en el siglo II de nuestra era y con el templo de Jerusalén que ya había sido destruido (sólo uno de sus muros permaneció en pie), tuvo lugar la última insurrección liderada por Bar Kochba, con la consecuencia que los judíos fueron expulsados de su tierra, dando comienzo a la diáspora que llega hasta nuestros días, pero que en realidad ya había comenzado varios siglos antes con el primer exilio en Babilonia.

Los judíos, al emigrar forzosamente, y al no existir ya su templo, se reunían en edificios que luego pasaron a ser lo que hoy conocemos como sinagogas, donde leían las escrituras y escuchaban sermones de doctos rabinos, siempre expresando la esperanza de algún día regresar a su tierra.

La diáspora judía se extendió a continuación por el imperio romano donde esas comunidades exiliadas tuvieron variada fortuna, aceptadas en algunas partes y determinado momento o perseguidas y hostilizadas de muchas maneras en otros, tal como es la desdichada suerte común de grupos humanos que se resisten a la asimilación y desean mantener viva su identidad viviendo entre gente de muy diferentes creencias y costumbres.

Cuando surgió y se propagó el Islam, los judíos fueron en general, como "pueblo del libro", tolerados aunque como ciudadanos de segunda clase, sujetos a los impuestos y otras medidas aplicadas a los no musulmanes, pero sin ser en general perseguidos u hostilizados. Cuando los cruzados cristianos invadieron Palestina, los judíos combatieron en su defensa con los musulmanes y fueron masacrados a causa de ello. Hasta el siglo pasado las comunidades judías en países islámicos vivieron prosperando en paz y sin temor a las persecuciones.

A consecuencia de ello, muchos judíos se establecieron en la España musulmana, donde sus médicos y otros sabios hicieron descubrimientos y aportes que no se conocían todavía en la Europa medieval, con lo que España pasó a ser un gran centro del judaísmo de la diáspora.

Cuando los reyes cristianos pudieron completar la conquista política de la península ibérica, los judíos fueron convertidos a la fuerza o expulsados y los primeros perseguidos ferozmente al practicar en secreto sus antiguas creencias. Esos judíos (sefaradíes) emigraron a otros países de Europa o a países musulmanes, donde fueron mejor acogidos.

En Europa Occidental y Oriental los judíos asentados allí (ashkenazis) debían residir en ghettos, se los obligaba a restringir sus actividades económicas a ser mercaderes o prestamistas de dinero a interés por imposición de los señores cristianos, concentrándose cada vez más en esta última ante la creciente competencia de mercaderes cristianos, con lo que al endeudarse los señores sin reales posibilidades de pagar esas deudas, estimulaban pogroms y masacres de judíos, confiscando sus bienes y obligándolos a desplazarse a otros países donde se repetía este tenebroso ciclo.

Debemos no obstante señalar dos hechos significativos: en primer término que los judíos no han sido en la historia de la humanidad el único pueblo perseguido y exterminado totalmente o en gran medida ni su Holocausto es único por su naturaleza (excepto quizás por lo deliberado, meticuloso y sistemático de su implementación), pues otros pueblos han sufrido similares atrocidades: los armenios en época reciente, hace algunos siglos la persecución y masacres de los Hugonotes en Francia (Noche de San Bartolomé y posteriores persecuciones) o la Cruzada de los Albigenses en Francia, en la que estos "heréticos" fueron exterminados sin compasión.

Tampoco son los judíos el único pueblo que ha sufrido una diáspora y han podido retener y conservar intactas sus costumbres, creencias y tradiciones, pues los armenios y los parsis en la India, por ejemplo, también tuvieron éxito en sobrevivir en el exilio sin perder su identidad.

Finalmente, en Polonia hallaron un temporal asilo donde lentamente se hicieron más numerosos y prósperos, acogiendo a los judíos perseguidos de Europa Occidental y de Rusia, de modo que a principios del siglo XX ese país ostentaba una de las comunidades judías más grandes de la región.

Actualmente, y después del Holocausto, las principales comunidades judías del mundo están en los Estados Unidos de Norteamérica y en Israel.

Podemos decir que a través de los siglos los grandes centros del pensamiento, la identidad y la vida judía fueron Palestina, Babilonia, las comunidades dispersas en el imperio romano, España musulmana, Polonia y actualmente EEUU e Israel, aunque ha habido asentamientos judíos en lugares tan distantes como Irán, el Cáucaso, Asia Central, China, India y muchos otros países.

A continuación debo hacer algunas aclaraciones. En primer lugar hay todavía hoy mucha gente (y judíos entre ellos) que piensan que este pueblo es una raza, o sea que se puede hablar de la raza judía.

Tal concepto pertenece a los dos últimos siglos en que se difundió aún en medios académicos el concepto de "razas" humanas y su corolario, que hay o hubo alguna vez, razas humanas puras. Hoy en día, con los avances de la genética y la biología, y ante las interminables sucesivas migraciones y mezclas de pueblos en todo el mundo, tales ideas son absurdas. Se puede hablar de grupos étnicos o etnias, gente que tiene el denominador común de determinadas costumbres y creencias, historia y manifestaciones culturales, pero que no difieren en nada esencial unos de otros.

Así los nazis hablaban de una raza aria, superior según ellos, y una raza semita, los judíos. Pero la palabra "semita", que surge de la Biblia como la descendencia de Sem, uno de los hijos de Noé después del diluvio, se aplica hoy a una familia de lenguas (y por extensión a la gente de muy diversa cultura y aspecto físico que las habla o hablaba) originadas en Asia Occidental, tales como el acadio, el fenicio, el hebreo, el arameo, el árabe, etc. Se habla asimismo de una familia de lenguas indoeuropeas (arias) que se hablan desde la India hasta Europa Occidental, no de una supuesta "raza" de tal naturaleza, que nunca existió salvo en las mentes de muchos.

Además el fenómeno actual del racismo es algo reciente, de los últimos siglos, quizás producto de la práctica de la esclavitud de africanos en Europa y América y que no existía en la antigüedad. Por ejemplo, en el antiguo Egipto o en Grecia o en Roma se puede hablar de cierto grado de xenofobia o rechazo al "otro", por serlo, pero no que por ello se considerara a nadie como perteneciente a una "raza" inferior. En época tan reciente como la de Shakespeare vemos que en una de sus tragedias un moro de piel oscura es el personaje principal, no un sirviente o miembro inferior de la comunidad, sino un noble y rico señor que sucumbe ante una furia y pasión incontrolable.

De modo que es aceptable hablar de un "pueblo" judío, gente con creencias y costumbres similares pero que integran europeos del norte como alemanes, escandinavos o polacos y europeos del sur o mediterráneos, turcos, yemenitas, (hasta hace poco) iraquíes y afganos, hindúes, chinos, hasta etíopes del África Oriental, nada que ver con ninguna "raza" con características físicas y biológicas que los diferencien de otros seres humanos.

De ahí que cuando se quiere denominar a alguien como contrario u opuesto a los judíos y se usa la palabra tan difundida de "antisemita" se está validando un disparate pues puede significar alguien que se proclama enemigo de los judíos así como de los árabes y de todos aquellos que hablen lenguas de esa familia. En mi opinión el vocablo correcto debería ser "antijudío" y no otro.

Habiendo hecho esta precisión, voy a referirme a las probables causas de ese sentimiento antijudío que tantas veces ha proliferado en el mundo y hasta qué punto las acusaciones hechas a los judíos tienen o carecen validez.

Para empezar no podemos ignorar la tan difundida como falsa acusación hecha por cristianos de los judíos como "los asesinos de Jesús", de acuerdo a los relatos de los evangelios. Es comprensible que para quienes creen que Jesús era verdaderamente Hijo de Dios (o según otros, Dios mismo encarnado), la pretensión de los judíos de la época de enjuiciarlo o tener autoridad sobre su persona sea algo atroz e inaceptable, hasta diabólico. Pero la realidad, si nos atenemos al Nuevo Testamento, es que Jesús era un judío, sujeto por tanto a las leyes del país, con las que podemos o no estar de acuerdo hoy, pero que regían para todo judío que viviera allí. De modo que pretender que un enjuiciamiento y condena por blasfemia y sacrilegio u otros delitos era válido para cualquier judío, excepto para Jesús, es algo totalmente inaceptable. Los sacerdotes judíos pues estaban en todo su derecho de procesar a Jesús tal como decían sus leyes y acusar y perseguir a sus lejanos descendientes por ello era y es doblemente absurdo e injusto.

Por otra parte, tal disparatada acusación se hace más increíble aún si tomamos en cuenta dos detalles importantes: quienes ajusticiaron a Jesús crucificándolo, según las mismas fuentes, fueron los romanos, no los judíos, y además, si como dicen los evangelios esa muerte estaba predestinada y toda la vida de Jesús tenía por objeto ese sacrificio en la cruz, entonces los judíos supuestamente responsables estarían cumpliendo, según las propias escrituras cristianas, los designios inescrutables de Dios, no podrían haber actuado de otra manera, de modo que mal se puede acusar a ellos o a los romanos de algo que debían llevar a cabo de todos modos para que las profecías se cumplieran.

A pesar del disparate lógico y la contradicción histórica que la leyenda negra de los judíos como asesinos de Jesús implica, tales nociones fueron utilizadas una y otra vez para justificar durante siglos en Europa y en Asia cristianas repetidas matanzas y destierros de judíos.

Algunos de los textos que fomentaron tal odio nefasto por medio de acusaciones falsas y difamación fueron escritas por personajes muy respetados de la Europa cristiana, como por ejemplo, Gonzalo de Berceo en su libro "Milagros de Nuestra Señora", aprobado por las autoridades de la Iglesia Católica y ampliamente difundido durante siglos, relata la intervención de la Virgen María que con la ayuda de cristianos devotos impide las maldades de judíos, como por ejemplo, que un padre judío arroje vivo a su pequeño hijo a un horno en llamas por haber accedido a comulgar en misa con católicos o que judíos fueran descubiertos complotando para hacer una imagen sacrílega de Jesús y torturarla, en todos esos casos los judíos responsables de esos actos fueron asesinados de forma terrible como castigo ejemplar. En otras publicaciones similares de apologética cristiana se narra casos de judíos que hurtan hostias de iglesias para atravesarlas con sus puñales en sinagogas o el rapto de niños cristianos para asesinarlos ritualmente, etc., todas cosas que jamás nadie ha visto o descubierto que realmente se hubieran cometido y eran parte de una forma truculenta de generar entre los cristianos crédulos odio contra los judíos.

Estos lamentables prejuicios entraron en las lenguas de muchos países y aún hoy podemos escuchar a cierta gente hablar de "judiada" o acción mala cometida por alguien, en lenguaje vulgar el verbo "judiar" o hacer daño intencionadamente o expresiones como "no seas judío", o sea, "no seas cruel", que al ser utilizado por padres para corregir a sus hijos pequeños, contribuye a perpetuar tal gratuita difamación.

Otro subterfugio que se ha utilizado malintencionadamente desde tiempo inmemorial para azuzar el odio anti-judío entre cristianos es la coincidencia en fechas que se da entre el Viernes Santo cristiano, en que se conmemora la crucifixión y muerte de Jesús, y la fiesta judía de Purim, en que se festeja ruidosamente el fracaso de un plan para exterminar a los judíos muchos siglos antes. Al ver a los judíos celebrando cuando los cristianos lamentan la muerte de Jesús, era fácil para algunos señalar esa celebración como un regocijo sacrílego e inhumano y se cuidaban muy bien de explicar la verdadera naturaleza del festejo judío, que nada tenía que ver con el cristianismo.

Martín Lutero, por otra parte, insigne personaje de la Reforma en la Europa del Renacimiento y que fue y es objeto de admiración y veneración por los cristianos protestantes, publicó un libro titulado nada menos que "Sobre los judíos y sus mentiras", en el que con lenguaje apasionado y violento los ataca y vilipendia largamente.

Con tales antecedentes, no pueden sorprender las repetidas persecuciones crueles y gratuitas contra los judíos en Europa durante tantos siglos, especialmente en el caso de un pueblo que desde su expulsión por los romanos decidió abolir la violencia como método de defensa.

Ya en pleno siglo XX otras personalidades como Henry Ford, el magnate automovilístico, publicó un libro titulado "El judío internacional" en el que propalaba más ataques contra los judíos, basado en parte en los infames "Protocolos de los Sabios de Zión", una cruda falsificación originada en la Rusia zarista que pretendía presentar a los judíos como planeando conquistar al mundo con sus conspiraciones.

En este contexto se puede empezar a entender la mentalidad que hizo posible el Holocausto y también a los responsables en gran medida de trastornar las mentes de tanta gente para generar odio y desconfianza hacia los judíos.

Los autores revisionistas históricos que actualmente defienden la noción de que no fue nunca la intención del gobierno nazi de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial exterminar a los judíos y otras minorías étnicas de su país y de los territorios ocupados, generalmente comienzan puntualizando que jamás se ha podido hallar semejante orden por escrito, a pesar de las toneladas de documentos nazis recobrados por los aliados cuando derrotaron y ocuparon Alemania.

Si hubiera habido tal orden escrita por Hitler o por alguno de los otros miembros de su gobierno, alguna copia o versión debería haber sido hallada en tantas décadas de búsqueda.

Concluyen por afirmar pues que de hecho tal orden jamás existió y que lo que los nazis querían era la expulsión o la reclusión en campos de trabajo forzado de los judíos y esas otras minorías étnicas, no un deliberado y sistemático intento de genocidio.

En este asunto, como en tantos otros, no hay peor ciego que quien obstinadamente no quiere ver aquello que no le gusta.

Hitler en su libro Mi Lucha, publicado muchos años antes, declaró su odio a los judíos, que debían ser exterminados:

 

"Al introducir cuidadosamente el bisturí en tal tipo de abceso, uno inmediatamente descubre, como el gusano en un cuerpo en putrefacción, un pequeño judío que reacciona cegado ante la súbita irrupción de la luz.

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Yo no sé qué me asombró más, la abundancia de su verborrea o la manera sutil con que disfrazaban sus mentiras. Gradualmente llegué a odiarlos.

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Este conocimiento fue la ocasión de la mayor revolución interior que jamás había experimentado hasta ese momento. De ser un cosmopolita de corazón blando pasé a ser un decidido antisemita.

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No hay tal cosa como llegar a un acuerdo con los judíos. Debe ser un duro y claro "o unos u otros".

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Estoy seguro que esto será más fácil para nosotros que lo fue para nuestros padres. El ruido cortante de la metralla de doce pulgadas es más penetrante que el silbido viperino de mil periódicos judíos. Por lo tanto, que sigan con sus silbidos.

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No se detienen ante nada. Su conducta tan atrozmente baja es tan asombrosa que uno no puede sorprenderse de ver que en la mente de nuestro pueblo el judío es visto como la encarnación de Satanás y el símbolo del Mal.

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Porque tendrá que haber una lucha, ya que el primer objetivo no será construir la idea de un Estado del Pueblo sino más bien eliminar el Estado Judío que existe actualmente.

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Por lo tanto, el judío sigue su camino predestinado hasta que se le opone una fuerza superior. Y entonces se inicia una lucha desesperada para enviar de regreso a Lucifer a quien querría tomar por asalto al Cielo".

 

¿Enviar a los judíos "de regreso a Lucifer"? ¿Es que puede haber una definición más clara de las intenciones de Hitler hacia los judíos a quienes tanto odiaba?

Sólo quienes no están familiarizados con los escritos de Hitler y el contenido de los discursos nazis, antes y durante la guerra, los suyos y de sus secuaces al frente de Alemania en esa época sobre este tema, o con los campos de exterminio y sus pilas de escuálidos cadáveres desnudos que no tuvieron tiempo de cremar, enterrar o esconder, o con las numerosas confesiones de muchos de quienes fueron directamente responsables de cometer las masacres, ya sea por medio de fusilamientos, gas u otros medios y del entierro de los cuerpos en enormes fosas comunes o con los conmovedores testimonios de los relativamente pocos sobrevivientes, pueden prestar alguna atención a estos intentos de algunos de exonerar a los líderes nazis de la responsabilidad por las órdenes que dieron en ese sentido, pero la evidencia en contra de esas groseras distorsiones de la historia es tan avasallante que nadie debería caer en esa trampa.

Se me ocurre que es una situación similar al procesamiento de un asesino que contrató u ordenó un crimen. El acusado es enviado a prisión porque el cuerpo de su víctima fue encontrado en una residencia de su propiedad, sus cómplices confesaron que él dio la orden verbal para que el crimen se cometiera, hay evidencia escrita anterior del acusado declarando su intención de que quería la muerte de esa persona, y entonces su abogado pretendiera que fuera liberado alegando que, a pesar de todo, no se halló ningún papel escrito por su defendido que ordenara expresamente que en ese momento se diera muerte a la víctima.

Sólo basta leer el contenido de discursos de Hitler para ver cuáles eran sus verdaderas intenciones hacia los judíos y hasta qué punto faltan a la verdad sus defensores revisionistas de hoy que osan afirmar que Auschwitz era en realidad una especie de campo de vacaciones o un establecimiento de reclusión modelo, insultando así la memoria de tantos hombres, mujeres y niños masacrados allí:

Partes de discursos de Hitler sobre este tema:

30 de Enero de 1930, en el Reichstag:

"Hoy seré nuevamente un profeta: ¡si los judíos en las finanzas internacionales en y fuera de Europa tienen éxito en precipitar a las naciones una vez más en una guerra mundial, entonces el resultado no será la bolcheviquezación del mundo y así la victoria del judaismo sino la aniquilación de la raza judía en Europa! "

30 de Enero de 1942, en Berlín:

"Ellos ya han hablado de la destrucción del Reich alemán para el mes de setiembre próximo y con la ayuda de esta profecía adelantada, decimos que la guerra no va a terminar como los judíos se imaginan, ésto es, con la extirpación de los Arios, sino que el resultado de esta guerra será la completa aniquilación de los judíos" .......... "y la hora llegará en que el enemigo de todos los tiempos, o por lo menos de los últimos mil años, habrá jugado su papel hasta el fin."

30 de Setiembre de 1942, en Berlín:

" ...... si el judaismo está comenzando una guerra mundial para eliminar a las naciones Arias de Europa, entonces no será la nación Aria quien será exterminada sino la judería."

8 de Noviembre de 1942, en Munich:

"Si el judaismo se imagina por casualidad que puede causar una guerra internacional de dimensiones mundiales para el exterminio de las razas europeas, el resultado no será el exterminio de las razas europeas sino el exterminio de los judíos de Europa".

O sea que la guerra que Hitler mismo comenzó invadiendo Polonia, y luego otros países de Europa, para adquirir territorios para su Reich, es atribuida increíblemente a los judíos para intentar justificar las matanzas sistemáticas, metódicas y cuidadosamente planeadas que pensaba realizar. Negar eso ante la evidencia presentada aquí es sólo explicable en el caso de gente que padezca un prejuicio antijudío irracional y fanático plenamente condenable por las injusticias y atropellos que genera.

No viene mal tomar en cuenta, además, que el gobierno de Alemania desde hace mucho acepta plenamente la responsabilidad de los nazis en el intento de exterminio de los judíos de Europa, en ghettos donde se los mataba de hambre y por enfermedades en su extremo hacinamiento y luego en campos de concentración dedicados a tales propósitos, donde mediante cámaras de gas, destruidas por los nazis luego al huir hacia su país, por medio de camiones acondicionados a tales propósitos y por simples fusilamientos masivos, se exterminaba a judíos, gitanos y otros en escala industrial. El gobierno de Alemania ha pagado enormes sumas de dinero a las víctimas sobrevivientes y ha dictado leyes contra la negación del Holocausto y ha condenado a prisión a muchos por negar esa realidad. Si hubiera la más mínima posibilidad de negar esos hechos, como los seudo-revisionistas históricos hacen desenfadadamente, el gobierno de Alemania no habría adoptado la actitud y las resoluciones que han tenido lugar, pues es hoy en día una nación libre, independiente y soberana y puede modificar sus leyes si lo estima oportuno para su dignidad nacional. Que no lo hayan hecho y por lo contrario, que continúen aceptando la realidad del Holocausto en toda su terrible magnitud, muestra la falsedad de las afirmaciones de los revisionistas neonazis antijudíos de ayer y de hoy.

Las retorcidas y falaces distorsiones e invenciones de esos revisionistas, a menudo con un largo historial de escritos antijudíos, deberían recibir como única respuesta el rechazo y el desprecio que se merecen.

La idea de que era posible que los judíos pudieran estar complotados casi unánimemente en todos los países muestra solamente una supina ignorancia de las características de este pueblo, que lejos de presentar ninguna cohesión o unanimidad, está dividido en numerosas sectas religiosas y grupos políticos con ideas a menudo diametralmente opuestas.

Así, entre los judíos podíamos encontrar y encontramos hoy, ortodoxos, conservadores, reforma, y muchas subdivisiones entre ellos, y políticamente casi todos los matices de posiciones de centro, izquierda y derecha. Por ejemplo, si bien la mayoría de los judíos en el mundo simpatizan con el sionismo que les brindó por primera vez en dos mil años un lugar de refugio contra persecuciones, hay minorías significativas de judíos ortodoxos y judíos de izquierda que se oponen al sionismo tal como se concibe actualmente, algunos de ellos tan enérgicamente que lo llaman "una obra del demonio".

Nada más lejos pues de una supuesta unanimidad conspirativa con ambiciones de dominio mundial, tal como aviesamente los enemigos de los judíos trataron de presentarlos en campañas de difamación, que aún hoy podemos hallar en ciertos círculos extremistas.

Otra acusación lanzada contra los judíos en todas las épocas es su pretendida amoralidad, consumidos en su amor por el dinero tratando de obtenerlo explotando la prostitución y la pornografía y sin detenerse ante ningún delito. De hecho, cualquiera puede observar que en general los judíos son tan respetuosos de la ley como cualquier ciudadano de los países donde residen y quizás por la severa educación en el hogar y por la presión de la opinión de la comunidad a que pertenecen, especialmente entre los judíos ortodoxos, la incidencia de delitos de cualquier tipo es relativamente menor que en el resto de la población, hecho comprobable consultando las estadísticas de procesados recluidos en cárceles, que por ejemplo, en el caso de EEUU de Norteamérica, indican un menor número de judíos en prisión que el que cabría esperar por su presencia en el total de la población.

Cuando una noticia se difunde por los medios de difusión masiva de que algún judío o persona de origen judío ha cometido una gran estafa o algún otro crimen sensacional, los neonazis de inmediato salen a afirmar que es una prueba más de la degeneración moral de los judíos, etc. En esos casos, aconsejo mirar alrededor de uno y ver cuántos judíos uno conoce y cuántos son criminales o malas personas. En mi caso personal, a lo largo de mi vida he conocido bien, a nivel personal, a varios cientos de judíos. Puedo recordar ahora solamente a uno que era una mala persona y que me perjudicó de varias maneras, me pregunto cuántos otros grupos humanos pueden enorgullecerse de tan bajo índice de deshonestidad o de criminalidad. Ante la difamación prejuiciosa, conviene siempre apelar a nuestra propia experiencia personal para impedir ser engañados en nuestra buena fe cuando el odio irracional de algunos halla vehículos de difusión.

También se han propalado ideas de que los judíos son apátridas, carentes de patriotismo, que explotan los beneficios de los países donde residen, estimulando las guerras entre naciones para lucrar, manteniéndose al margen de todo lo que pueda significar riesgos a su posición por tomar parte en ellas.

Se puede probar abundantemente la grosera falsedad de tales ideas mediante la consulta de los archivos oficiales de muchos países. El caso quizás más famoso es el del Capitán Dreyfus en Francia a fines del siglo XIX, un oficial judío acusado falsamente de espionaje, degradado y condenado a prisión, por los prejuicios antijudíos de la época y que motivara el famoso texto "Yo acuso" de Zola, encendida defensa de Dreyfus y denuncia del proceso fraudulento en su contra.

Pero hay mucho más. Pocos quizás saben que miles de judíos lucharon en los ejércitos francés, británico, alemán, austríaco en la Primera Guerra Mundial, dejando miles de ellos la vida en el cumplimiento de su deber, luchando por sus respectivas patrias, obteniendo en numerosos casos medallas y citaciones por su valor en el campo de batalla. En el caso de Alemania, por ejemplo, 80.000 judíos lucharon en sus fuerzas armadas y 12.000 de ellos murieron defendiendo su patria. Para mencionar dos casos entre muchos, Wilhelm Frankl fue un piloto de combate en la fuerza aérea y obtuvo la medalla Pour-le-mérite, el máximo galardón otorgado por Alemania a sus pilotos y fue hecho Comandante de su propio escuadrón, el Jasta 4. Otro héroe judío que combatió defendiendo a su patria, Alemania, fue Friedrich Rüdenberg, otro piloto que en la famosa escuadrilla Richthofen obtuvo la Cruz de Hierro por sus servicios durante la guerra.

 

               

 

A la luz de estos hechos, las mendaces acusaciones y difamación por los nazis contra los judíos pocos años después resultan más atrozmente injustas y fraudulentas y sólo pueden explicarse por un odio irracional.

Otras posibles causas de tal hostilidad son la envidia de muchos ante el resultado exitoso de los esfuerzos de numerosos judíos por prosperar utilizando su talento y habilidades (lo que no niega el hecho de los abundantes ejemplos de judíos en todas partes que son pobres, trabajan como obreros o artesanos y aún como campesinos) y la mala impresión generada por los intentos de muchos judíos por mantener intacta su identidad y su religión desalentando los matrimonios mixtos así como el apoyo mutuo entre judíos, muy razonable actitud de gente que por siglos fue víctima de persecuciones y debían ayudarse unos a otros para sobrevivir en un medio hostil.

También la necesidad de comunidades de hallar a alguien a quien culpar de sus desgracias y miserias es un recurso que inhibe la más provechosa búsqueda de las verdaderas causas, lo que es en definitiva el primer paso hacia solucionar o por lo menos mitigar o minimizar los problemas sociales. Cada pogrom, cada saqueo y matanza en los ghettos era una catarsis colectiva que parecía solucionar los problemas de esa gente, aunque poco después, ya sin judíos a quienes culpar, las desgracias volvían y se debía buscar a otros supuestos responsables.

Quiero dejar constancia aquí también de mi discrepancia con la opinión de algunos sectores religiosos judíos hoy en día que hasta cierto punto culpan a los judíos mismos del Holocausto por haber muchos abandonado la observación del Shabat o por no mantenerse kosher o por haberse integrado demasiado a la comunidad gentil en la que vivían, pero tales versiones, si bien puede pensarse por parte de algunos que pueden motivar a judíos a observar hoy los preceptos de su religión, en cierto modo parecen también darle en parte la razón a los detractores de los judíos de que ellos mismos hasta cierto punto fueron responsables del Holocausto, cosa claramente falsa pues las causas de esa tragedia son de otra naturaleza, algunas de las cuales ya hemos comentado en estas páginas.

Nada hacían los judíos en Alemania ni en otros países que pudiera ni remotamente justificar la persecución atroz y despiadada y el exterminio que sufrieron. Vivían sus vidas tal como otros grupos vivían las suyas, entre ellos había buena y mala gente, ni mejores ni peores que nadie, de modo que este tipo de razonamientos que tratan de culpar a los judíos mismos del Holocausto, provenientes de judíos mismos, me parecen temerarios y peligrosos pues no son justificables ni tienen asidero alguno razonable en la realidad de la época.

Además, entre las víctimas judías del Holocausto había muchos que respetaban todas las tradiciones y preceptos religiosos así como rabinos que hacían de eso el centro de sus vidas, de modo que el sacrificio de esa gente, si la causa principal residiera, como algunos dicen, en el comportamiento de muchos, hubiera sido atrozmente injusto como designio o castigo divino para quienes no lo merecían. Me parece más razonable apelar a las numerosas causas históricas que brindan una explicación creíble, aun cuando no reflejen a la naturaleza humana del modo en que quisiéramos verla.

Las acusaciones de indiferencia ante la miseria y las dificultades de los gentiles son igualmente infundadas pues dondequiera ha habido judíos, ha habido asociaciones de caridad que proporcionaban alimentos y otras necesidades no sólo para otros judíos sino también para cristianos, como aún hoy en día asociaciones como la B´nai B´rith, Wizo, Tzedaká y muchas otras continúan brindando.

Las contribuciones de los judíos a la cultura mundial han sido también notables. En la música, en la literatura, en las artes, en las ciencias han descollado y el hecho que en total 160 premios Nobel han sido ganados por judíos (más que ningún otro grupo étnico o nacional) indica la magnitud de sus aportes.

Finalizo expresando la opinión que lo que debe destacarse es el gran amor por la libertad y el apego a su cultura e identidad por parte de los judíos. Fueron el único pueblo que se resistió tan tenazmente a la dominación romana que fueron reprimidos, masacrados y finalmente desterrados por el poder imperial, debieron vagar por el mundo durante muchos siglos entre la hostilidad y la incompensión de los pueblos que los acogieron y se beneficiaron con su presencia, talento, frugalidad y laboriosidad y quizás por ello deberían haber recogido elogios y reconocimiento en vez de crueles persecuciones, por lo que todos les debemos ahora por lo menos una reconsideración de sus aportes y comportamiento y la aceptación que siempre debieron haber tenido.

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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