Proyecto
O.H.U.
Organización de la Humanidad Unida

DE LA AUSENCIA AL LOGRO DE UN PROYECTO DE HUMANIDAD UNIFICADA
(continuación)
 

II
COMUNIDADES

REGIONES, LO ÉTNICO-CULTURAL Y LA NATURALEZA



Proyecto de humanidad unificada

    Para ir decreciendo el número de habitantes de los centros urbanos superpoblados, es necesario aumentar el número de comunidades pequeñas en zonas despobladas. Ésa es una de las planificaciones que deben ser instrumentadas en todo el mundo para dar inicio a un nuevo ordenamiento poblacional.
    Dentro de las posibilidades de movimientos migratorios y de un nuevo orden en la población de los países, imaginemos una instancia futura en la que ya no exista un continente donde predomine una raza, o una región donde predomine una cultura. Imaginemos que, dentro de varios siglos, pudiera lograrse que en cualquier rincón del mundo a donde se pudiera viajar, las poblaciones hubieran logrado cada una el mismo grado de diversidad que hoy encontramos en el planeta. Que tanto sea en la India, como en África central, en Nueva York o en Suecia, hubieran tantos blancos como negros, chinos, indios e híbridos de diversas razas. Que el control de la natalidad y una eficiente administración de las diversas comunidades, pudieran equilibrar en todo el mundo los índices poblacionales de todos los grupos étnicos y culturales. Que en lugar de habitar en zonas o barrios separados de ciudades grandes, lo hicieran en pequeñas comunidades, conviviendo de manera integrada, enriquecedora. Cada comunidad compuesta por representantes de cada cultura, de cada región, de cada continente, de cada raza.
    Imaginemos que, dada esa diversidad de habitantes, ningún país (si para entonces todavía existieran los países) pueda distinguirse de otro en cuanto a qué tipo de gente compondría su población. Cada país tendría gente viviendo en otro país. Y tendría gente de otro país viviendo dentro. ¿Qué pasaría con el concepto de frontera, el de orgullo nacional? ¿Dónde habrían de quedar esos conceptos, sino en la historia?
    Un mundo que pudiera tener mezclada y no separada por zonas a la gente de distinta genética, nación o cultura, no solamente debería ser un deseo, sino también un propósito. Una humanidad desunida desde su origen, debe buscar la unión no mediante deseos en el aire, sino mediante proyectos muy concretos, y la idea de ir estableciendo comunidades internacionales y plurirraciales en todo el mundo, es una posibilidad estratégicamente efectiva que debería haber sido implementada hace ya bastante.
    En la medida en que pequeñas comunidades de ésas vayan multiplicándose por el mundo, aunque, por lo pronto, no se vaya a resolver el problema de la humanidad, sí va a resolverse el problema de que hasta ahora no estábamos resolviendo nada al respecto. Y esto es un principio, más allá de si se logrará o no el propósito final, y como principio, tiene su valor, sus fundamentos, sus perspectivas. Un proyecto de humanidad unida debe empezar por lo más elemental: reunir a los representantes de todas las razas y culturas para definir qué clase de mundo queremos. Si queremos un mundo en el que cada región sea un mundo aparte, con su propia gente característica, o si queremos un mundo en el que cualquier población en cualquier rincón sea exponente del todo.
 

Preservación de la Naturaleza y de poblaciones indígenas

    La idea de tales comunidades integradoras, sin embargo, plantea el problema de qué hacer con las poblaciones indígenas que estamos tratando de preservar al no influir con nuestra cultura en sus modos de vida tradicionales. Quizá no ahora, pero sí en un futuro lejano, cabría preguntarse qué sería más conveniente para esos nativos: si dejarlos en su primitivo estado, o hacerlos avanzar, en caso de que integrarlos al proyecto comunitario mundial les otorgue más beneficios que problemas. Dado el estado de sociedad -indeseable- que podemos ofrecerles en estos momentos, tal planteo no cabe y por eso estamos tratando de no integrar a esa gente a la civilización, ni de invadirla con ninguna propuesta que introduzca cambios culturales en su estilo de vida. Pero si lográramos una sociedad en condiciones tales que resultara enriquecedor, sano, beneficioso en todo sentido para los nativos de esos núcleos humanos primitivos, al menos deberíamos ir a informarles sobre lo que podemos ofrecerles, y que ellos sean quienes decidan si estarían dispuestos a participar en algo así, o mantenerse aislados.
    Hasta tanto eso no ocurra, el proyecto de unificación de la humanidad mediante estas comunidades de diversidad racial, nacional y cultural, deberá tener presente que, como algunas de ellas podrán establecerse en áreas habitadas por esas poblaciones indígenas, o próximas a ellas, se deberá evitar interferirlas, y velar por que cuenten con la necesaria protección para que ni gobiernos ni empresas, en especial madereras, ni cazadores, incursionen en su hábitat con acciones depredadoras. La conservación de la naturaleza y la preservación de las comunidades indígenas ligadas a ella, deben dar lugar a la instalación de un anillo de protección constituido de comunidades del proyecto de humanidad unificada, en áreas boscosas y selváticas donde haga falta vigilancia. Ambientalistas, guardabosques, científicos naturalistas, de todo el mundo, nucleados en esas comunidades situadas en la periferia de las áreas protegidas, mantendrían un control que, a la distancia, ni gobiernos ni ecologistas están logrando para evitar acciones depredadoras.
    La  degradación del medio ambiente y la amenaza de extinción de especies vivientes, deberían llevarnos a cumplir con acciones preservadoras no por nuestro propio bien, sino por el bien de la propia naturaleza, más allá de nosotros. Porque ella, humanidad aparte, tiene sus propias razones para existir. Sin embargo, la situación del planeta ha llegado a un punto en el que cuidar la naturaleza no podrá ser algo que hagamos por ella, sin necesidad de pensar en nosotros. Porque tanto dependemos de ella, que cuidarla es cuidarnos, y descuidarla sería extinguirnos. Por lo tanto, ya no se trata de preservar el medio ambiente sólo por respeto al derecho a existir de las especies vivientes, sino también para que nuestra propia existencia pueda tener continuidad.
    No puede haber un proyecto de humanidad unificada, sin un proyecto de unificación de la humanidad y la naturaleza. Ambas han sido separadas en la cultura occidental, ya desde la tradición judía. La Biblia, en Génesis 1, enseña que el Dios Yahvé ha dado al hombre la autoridad para someter a su voluntad a la tierra, las plantas y los animales; enseñanza que ha sido aplicada destructivamente en grados que, bíblicamente, pueden ser reflejados en los catastróficos sucesos del Apocalipsis.(1)
 
 

UNIDAD Y DIVERSIDAD CULTURAL

Legislación

    Un proyecto de humanidad unida se hace difícil cuando se tiene en cuenta que hay culturas cuyas costumbres y leyes son francamente distintas ante un mismo problema. Lo que en una parte del mundo puede ser elogiable, en otra parte puede ser rigurosamente penado, prohibido; por ejemplo, que la mujer trabaje o que se vista sin cubrirse todo el cuerpo. O las mutilaciones genitales hechas a las mujeres para que no sientan placer. Entre lo prohibido y lo permitido, ¿cómo podrían concebirse comunidades en las que occidentales e islámicos pudieran convivir sin este problema?, ¿cómo, sin una legislación internacional con validez en todo rincón del planeta, que proteja los derechos de la mujer, que sigue siendo usada y dominada por los hombres donde las sociedades no avanzaron en ese sentido desde hace miles de años?
    Si la humanidad fuera UNA, tendríamos leyes para todos. Pero como esto no es así, cada pueblo tiene su ley, y en caso de un proyecto de comunidad internacional, donde haya que establecer una sola ley para la colectividad, cada participante trataría de que sea la ley de su país la que se imponga sobre la de los otros.
    Los planificadores de estas comunidades deberán tomar decisiones que los colocarán en posiciones encontradas. Deberá decidirse si la mujer debe ser libre o subyugada, si se cultivará tabaco o se prohibirá fumar, ya que se sabe que es nocivo para la salud ("es causa de cáncer", dicen los propios avisos televisivos de cigarrillos); deberá decidirse si se criarán o cazarán animales para alimentarse o si se establecerá un régimen alimenticio que reduzca o excluya la carne; si se usará dinero y habrá trabajo remunerado, o si se eliminará todo valor de intercambio, bajo un concepto de trabajo solidario; si se permitirá tener canarios en jaulas o se prohibirá aprisionar a los animales; si habrá circulación de automóviles con combustible contaminante o si se utilizarán automóviles con paneles solares, bicicletas, caballos u otros medios de transporte que no contaminen el aire. Más allá de las subjetividades causantes de que se tome partido por una opción u otra, habrá que establecer qué es lo objetivamente más favorable para el perfeccionamiento humano. Y habrá que ser rigurosamente estrictos para desterrar toda acción, hábito y costumbre que mantengan a los ciudadanos en una existencia retrogradante.
    Estas decisiones deben ser tomadas, porque no estamos hablando de una humanidad a ser armada con sus pedazos diversos, ensamblados sin argamasa en un débil rejunte que pueda resquebrajarse. Estamos hablando de fabricar la argamasa para lograr una sólida e inquebrantable unión de las diversas partes de la humanidad, y esa argamasa es el proyecto de una red mundial de comunidades con diversidad racial y cultural. Un proyecto es una argamasa, y la humanidad no está unida por argamasa alguna de valores y de planes, porque no tuvo proyecto en su origen, ni lo está teniendo todavía. Estamos a tiempo de reunirnos a empezar a proyectar lo que todos queremos de este mundo para el futuro; qué tipo de futura humanidad nos propondremos diseñar con un modelo único, ya que la actual y la pasada fueron obra de diseños fragmentarios y conflictivos entre sí. Cuando establezcamos qué sociedad humana empezaremos a elaborar, será viable la definición de qué leyes, qué prohibiciones y qué libertades deberán existir.
    No podrá tener lugar, en este proyecto internacional, ninguna costumbre retrógrada y degradante que esté amparada por la legislación de determinado país cuyos representantes convivan en estas comunidades. Una convención legislativa establecerá una única ley para todos los ciudadanos de los diversos países participantes de la experiencia. Esa convención determinará que, dentro de la diversidad cultural que se promoverá mantener paralela a la unidad cultural que se desarrolle, no podrá tener cabida ninguna conducta que se aparte de la legislación comunitaria.
    Todo ciudadano y toda organización que deseen participar en este proyecto, deberán atenerse al concepto de que ya no vivirán bajo el régimen de la nación a la que pertenezcan, sino bajo una ley internacional, cuyas libertades otorgadas y cuyas restricciones impuestas a los habitantes de estas comunidades, ellos deberán conocer a fondo antes de ofrecerse a participar en la experiencia, y las deberán aceptar para ser admitidos.
    No hay que confundir "respeto a las diferencias o a la diversidad cultural", con permisibilidad ante lo que determinadas culturas sustentan contra la dignidad humana. La determinación de qué humanidad futura queremos lograr, con qué vicios y males erradicados de la cultura planetaria que vayamos a conformar, exige restricciones a toda manifestación cultural que amenace con introducir en el proyecto de unificación de la humanidad, variables contaminantes.
    Habrá que tener en cuenta un serio inconveniente para el establecimiento de comunidades en países donde los gobiernos violan los derechos humanos que, pese a su Declaración Universal de 1948, la O.N.U. no ha podido hacer cumplir. Si los principios que se establezcan para la vida comunitaria prohibieran acciones que en tales países se permiten contra los derechos humanos, o bien permitieran acciones que en tales países -también contra tales derechos- se prohiben, existiría una sola forma de establecer en ellos estas comunidades. Consistiría en que ellas sean declaradas por los gobiernos de tales países, como zonas neutrales de cuyo funcionamiento a nivel normativo, en lo social y cultural, el gobierno nacional no se responsabilice. Algo así como porciones "desnacionalizadas" del territorio, sujetas a leyes internacionales aseguradas por la O.N.U. Las comunidades podrán tener su propio sistema normativo como lo tiene toda empresa o institución, pero cuando éste no se adecue a la legislación de los países donde los gobiernos violan derechos humanos, no es de esperarse que tales gobiernos declaren zona neutra con su propia normativa a las comunidades. Y aunque sí ocurriera, ¿a qué tribunal internacional, sino al de La Haya, tendrán que recurrir sus habitantes ante cualquier conflicto que se presentara con un gobierno nacional de ésos? Si la intercesión de la O.N.U. sería necesaria en tal instancia, mejor que lo sea en principio: con la O.N.U. haciendo respetar los derechos humanos en comunidades a establecer en países con el referido problema, y sus gobiernos delegando en la O.N.U. el control jurídico de las áreas comunitarias, para que toda libertad quede fuera de la responsabilidad del gobierno nacional, y que todo delito que la O.N.U. juzgue como tal, sea penalizado por una corte internacional. Pero mientras la O.N.U. siga sin poder jurídico para imponer sanciones a los países que violen derechos humanos, no podrá haber en tales países comunidad alguna del proyecto de humanidad unificada.
 

Religión

    Uno de los problemas a afrontar es el de la diversidad de creencias religiosas. Establecer si deberá haber una religión cuyas enseñanzas sean consideradas más próximas a la verdad que las de otras religiones, y que la cultura planetaria a constituir tenga un "culto oficial", no es algo a lo que pueda llegarse mediante una convención. Porque la parcialidad de quienes debatieran al respecto, no podría arribar a puntos de acuerdo, cuando lo que se estaría haciendo es una elección por exclusión.
    El problema de que los humanos estén divididos por religiones, según en qué lugares hayan nacido y habitado, resulta de la formación cultural que la educación proporciona en cada país, donde hay un culto predominante que es enseñado -en muchos lugares por imposición- y hay una absoluta ignorancia acerca de lo que dicen las demás creencias.
    Una cultura planetaria como la que se pretende para el proyecto de comunidades multiculturales, podrá no disponer de una religión (lo cual habrá que considerar si se tratará de una falencia o de una ventaja), pero lo que sí deberá propiciar, es que los habitantes sean instruidos en el conocimiento de todas las creencias, mitologías, cosmovisiones actuales y ancestrales, y doctrinas filosóficas acerca de la idea de un Ser Superior, deidades, el universo y la existencia.
    Una comunidad cuyos habitantes reciban un conocimiento diverso acerca de religiones, tendrá opciones que en el mundo no se han ofrecido, durante toda la historia, a los habitantes de las naciones. Los ciudadanos podrán arribar a esta experiencia de intercambio, cada uno con sus creencias. Pero es previsible que el conocimiento de lo que predican los creyentes de otras religiones, pueda hacer que muchos dejen de pensar que la suya es la única verdad religiosa, y tengan apertura a otros cultos. También es previsible que la profundización en el conocimiento de las religiones, lleve a muchos a terminar dudando de la veracidad de lo que creían, y a no creer en ninguna religión. Todas estas posibilidades estarán dadas dentro de la libertad de pensamiento que se estará favoreciendo con esta propuesta comunitaria de diversidad religiosa.
    Cada comunidad deberá contar con espacios en los que los adeptos a las diversas creencias puedan llevar a cabo sus prácticas. Y espacios en los cuales se pueda reunir a los representantes de los diversos cultos, para que unos enseñen lo suyo y otros lo aprendan. También espacios neutros de convergencia que puedan recibir a adeptos a creencias distintas, como el universalista Templo de la Buena Voluntad, en Brasilia.(2)
 

Diferencias culturales y factores ambientales

    La idea que tenemos acerca de las diferencias entre los países, está, en parte, determinada por factores ambientales dados por la geografía. Vestimentas de abrigo o ligeras, resultan del clima. Transportación en camello o en góndolas, nos pueden remitir al desierto del Sahara y a Venecia, respectivamente. En una comunidad internacional instalada en una zona subtropical campestre, los siberianos no estarán abrigados, los árabes no andarán en camellos, ni los venecianos irán de su casa al trabajo en una embarcación. Por lo tanto, muchas de las diferencias culturales que pueden observarse de un país a otro, no necesariamente van a estar presentes en la vida cotidiana de las comunidades internacionales.
    Las migraciones europeas a Sudamérica, donde en Navidad hace calor, han incorporado a la alimentación hábitos tales como el consumo de frutas secas. Algo típico de regiones frías, que al aportar calorías consumido en lugares cálidos para dicha festividad, es inconveniente para la salud. Si un proyecto de comunidad planificada, deberá establecer qué alimentos serán los que convenga que la población consuma y cuáles no, deberá romperse con tradicionalismos asociados a fechas o a regiones de procedencia. En las referidas migraciones europeas al hemisferio sur, no se hizo conciencia del cambio ambiental, climático, que exigía un cambio alimentario, y se introdujo en la población un modelo de alimentación navideña fuera de contexto, acompañado por el no consumo de frutas secas en invierno. Esta clase de desajustes, es un ejemplo de cómo determinadas características de una cultura pueden no ser reformuladas conforme al nuevo hábitat de un inmigrante.
    Un proyecto de comunidad que reúna a representantes de diversas culturas, procurará preservar en ella los hábitos y usanzas que constituyan su identidad, en tanto y en cuanto no entren en desajuste con el contexto geográfico.
 

Embajadas culturales

    Lo más característico de un país, entendido no como un territorio con determinada geografía, sino como una concepción humana, no es el subsuelo, ni el relieve, ni la hidrografía, ni la flora, ni la fauna, ni el clima. Los diamantes del subsuelo sudafricano o brasileño, no distinguen entre sí a los respectivos países: más aún, confirman que, antiguamente, las tierras de África y América estaban unidas. Similar relieve, similares costas marítimas y ríos, similar vegetación. Habría que encontrarse con especies animales diferentes de un continente al otro, para recién allí darse cuenta de si se está en África o Sudamérica. Pero en un vistazo panorámico, podría no advertirse diferencia alguna. Un paisaje andino del sur, podría ser confundido con el de montañas canadienses o alpinas, y un sector de un desierto del norte africano, podría confundirse con uno australiano o estadounidense. Antártida con el Ártico, un paisaje del Caribe con uno de Brasil, y un volcán en Italia con uno en México.
Imágenes televisivas de cualquiera de todos esos lugares podrían no dar una idea muy clara de a qué países pertenecen. Pero esa idea se puede llegar a tener con sólo ver en pantalla en cada lugar, a su gente característica, con su color y rasgos faciales, su vestimenta, su lenguaje, su música, sus danzas típicas, sus prácticas religiosas, sus casas, su arquitectura, sus mercados y productos. Un país no termina dentro de sus fronteras, sino que está representado por viajeros, emigrantes, que llevan al exterior una muestra de él. Como una embajada es una parte de un país dentro de otro, las comunidades de este proyecto serán nucleamientos de embajadas culturales. Serán una muestra del concepto cultural de cada país. No del concepto político con las leyes de cada país, porque habrá una ley única para todos, y porque los regímenes políticos en las naciones no son la esencia de las naciones. Ya fuera con los zares o con los comunistas en Rusia, con los gobiernos militares o con los democráticos en América, con las monarquías o las democracias en Europa, los países, su gente, sus idiomas, sus costumbres, han tenido una permanencia, han mantenido una identidad.
    Esa identidad, que define la diversidad cultural en el planeta, es lo que en estas comunidades permitirá "ir de un país a otro" dando apenas unos pocos pasos. En una de las diversas alternativas del proyecto, cada comunidad estará dividida en tres sectores: un sector central de convergencia donde se desarrollará la unidad cultural, un sector periférico de diversidad cultural, subdividido según razas, continentes y países, y un sector intermedio en el que residan las familias cuyos componentes sean heterogéneos o híbridos en cuanto a raza o nacionalidad.
    En el anillo periférico, habrá, de cada cultura, construcciones con su típica arquitectura, obras de arte, artesanías, música, danzas, rituales, deportes, juegos,  vestidos, comidas, libros, fotografías, videos, y toda otra manifestación cultural que pueda desarrollarse. Del ambiente natural de sus regiones de procedencia, se podrán colocar en cada subsección, ejemplares minerales muy característicos, vegetales y animales (no sometidos a cautiverio).
    Mediante tecnología computacional interactiva, se podrá trasladar en realidad virtual, a habitantes y visitantes de estas comunidades a muchos lugares del mundo de los que se disponga de programas de simulación. Será una manera de viajar y situarse en el contexto geográfico, natural o urbano, de donde procede la gente de cada sector de la comunidad.
 

Desarrollo y sostenimiento económico

    Para la etapa de inicio, algunas o quizá muchas de estas comunidades pueden ser planteadas no sólo como espacios de intercambio cultural para una población fija, sino también como lugares de atracción turística. Conocer otras culturas, cómo son y cómo viven ciudadanos de diversos lugares del mundo, aprender de ellos, recrearse con sus propuestas artísticas, deportivas, lúdicas; probar sus comidas, conocer y adquirir sus artesanías, todo ello puede ser motivo de interés y atracción para el turismo.
    La curiosidad de tomar contacto con tan diversa realidad cultural, puede motivar a los habitantes de las grandes ciudades más próximas a estas comunidades, a visitarlas. Como novedad para la gente de cualquier ciudad, la instalación de una población de estas características en sus proximidades, puede ser motivo de interés para conocer algo nuevo y diferente.
Teniendo en cuenta que estas comunidades deben ser establecidas en regiones deshabitadas o de mínima población, hablar de proximidad con respecto a ciudades, implica una distancia no menor a decenas y preferentemente centenas de kilómetros.
En segundo lugar de posibilidades de afluencia turística, se encontrarían interesados procedentes de lugares más distantes del país, o del exterior, que viajen especialmente a las comunidades, o que aprovechen la proximidad de alguna de ellas a su ruta de viaje, si se encontraran haciendo turismo. Esta última posibilidad, debiera dar lugar a que, en la primera etapa de construcción de este tipo de comunidades, se eligieran zonas cercanas a circuitos turísticos.
    Los ingresos económicos que proporcione el flujo de visitantes, podrán dar lugar a que este tipo de emprendimientos comunitarios pueda ser encarado -más allá de lo cultural y de lo humanitariamente unificador- como un negocio. Proponer como tal este proyecto, será una alternativa para la obtención de los medios financieros necesarios para llevar adelante la propuesta.
    Si se tratara con ONGs o con gobiernos, éstos podrían destinar fondos para colocar en las comunidades a representantes de sus países, pues en una experiencia mundial como ésta, nadie querrá quedarse afuera. Cada país tendrá derecho a un lugar en cada comunidad que exista, y ese lugar tendrá un costo. Ese costo no será más alto que el que está teniendo el movilizar políticos, artistas, deportistas y científicos de país en país para eventos internacionales. Éste será un evento internacional más, al cual, en cada país, se pueda resolver enviar gente.
    Debe considerarse, también, la posibilidad de solicitudes de residencia en las comunidades, por parte de ciudadanos que actúen a título personal, con sus propios medios económicos que cubran el costo de las viviendas y servicios a utilizar. Por una u otra razón, esas personas con posibilidades económicas han sido de algún modo privilegiadas por un sistema que a otros los ha desposeído. Por lo tanto, como una forma de compensación a los perjuicios ocasionados a unos por el sistema, en beneficio de otros, éstos, los que tienen medios económicos, podrán participar en una de estas comunidades bajo una condición que deberá exigirse: por cada casa a ser habitada por una o varias personas con altos recursos, éstas deberán cubrir los gastos que requieran familias de escasos recursos para habitar otras de las viviendas. Deberá estipularse los gastos de vivienda de cuántas familias carenciadas les corresponderá sustentar a quienes tengan altas posibilidades económicas, según sea el nivel de ingresos que perciban o el patrimonio con que cuenten. De esta manera, se evitará que las comunidades, el día de mañana, puedan degenerar en una nueva forma de "condominios", "fraccionamientos residenciales" o "countries" para gente pudiente. Se evitará, así, que esta clase de vida comunitaria privilegie sólo a los ya privilegiados por el sistema económico, y deje afuera a los pobres.
    Uno de los pilares del proyecto consiste, justamente, en ofrecer condiciones de vida más dignas, saludables y productivas de las que atraviesan, a personas carenciadas; las que, principalmente en los grandes centros urbanos, constituyen un problema que requiere soluciones. Por lo tanto, la idea no consiste en cuánta gente pobre será acoplada a la gente rica que se establezca en las comunidades, sino en cuánta gente rica querrá acoplarse a comunidades que deben ser básicamente de gente pobre. La solidaridad, que será el motor de la vida comunitaria, deberá comenzar por la disposición de los que tienen de más, a ayudar a los que tienen de menos. Será más fácil que un rico entre al Reino de los Cielos, a que entre a una de estas comunidades si su apego material y falta de vocación solidaria le impidieran ofrecer una parte del capital con que cuenta, a quienes no tienen.
    De todas maneras, a los que tienen, se deberá procurar no descapitalizarlos con exigiencia de aportes demasiado altos: con sólo un 10 % de sus recursos, podrán, según el capital con que cuenten, cubrir los gastos de vivienda desde muchas o algunas personas pobres, hasta al menos una familia.
    Para que los pobres que reciban esta ayuda no la sientan como limosna o, en el otro extremo, la tomen como una "obligación" de los que tienen, del gobierno, de las ONG's que los puedan patrocinar, o de quien fuese, deberá requerirse que participar de la vida en estas comunidades ocupando una vivienda sin pagar nada, no sea gratis, sino que progresivamente, con trabajo, se le reintegre a la comunidad lo que ella ha invertido en cada persona sin recursos.
 

Actividades y densidad de población

    Las comunidades pueden planificarse conforme a la actividad de sus residentes, de manera homogénea, por ejemplo, una comunidad de científicos, otra de artistas, otra de artesanos, otra de obreros, otra de agricultores, otra de floricultores, etc. Será necesario que todas ellas estén relativamente cerca, de manera que haya movimiento de gente de una a la otra para el intercambio de lo que en cada una se produzca. Así, entre todas, se forma una comunidad de comunidades. Para evitar exceso de densidad de población, cada comunidad de comunidades, considerando que pudiera tener un diámetro de cinco kilómetros, tendrá a cada una de esas comunidades (de 1.000 habitantes como máximo), situada a una distancia no menor a su diámetro, que será de un kilómetro. Esto es, un máximo de siete comunidades, seis periféricas y una central, sumando un máximo de 7.000 habitantes. La comunidad central puede estar compuesta por representantes de las comunidades periféricas, reuniendo a su vez, toda la información correspondiente a cada una de ellas y, con fines de intercambio, el producto del trabajo en ellas desarrollado.
    También pueden planificarse comunidades heterogéneas, que reúnan a representantes de cada una de esas actividades, las cuales estén distribuidas en zonas, dentro de un sector intermedio entre la periferia de diversidad cultural y el anillo intermedio de residencia de familias heterogéneas.
    La comunidades de actividad heterogénea son las más factibles de ser instaladas para proyectos de no más de mil habitantes. Proyectos que aspiren a instalar poblaciones de varios miles de habitantes, pueden agrupar a éstos por actividades, cada grupo en una comunidad.
 

Idioma

    Cada habitante de estas comunidades, hablará en su idioma dentro de su sección correspondiente en el anillo periférico, y hablará, si lo dominase, el idioma de la gente de toda sección que él visite. En la sección central, se hablará el idioma que una convención internacional designe para el proyecto de futura humanidad unificada. Se decidiría entre el Inglés (según la realidad actual) o, si prevaleciera lo ideado con vistas a la unificación del lenguaje: el Esperanto. También podría ser que, según sea el país donde se encuentre la comunidad, el idioma nacional sea el que -al menos en principio- se requiera a todo habitante de procedencia extranjera.
 

Prioridades en la selección de habitantes

    Para el desarrollo de un proceso que siente las bases humanas de una futura sociedad distinta de la actual, debe tenerse en cuenta que determinados tipos de personas son más adecuados que otros. Las comunidades de este proyecto, en la etapa experimental, podrán estar compuestas, en parte, por emprendedoras personas con deseos de iniciar una vida distinta y con recursos económicos que les permitan instalarse. Otras personas postulantes podrán carecer de recursos, los cuales habrá quienes los proporcionen, pero lo que se deberá fijar con claridad son los propósitos que cada individuo deberá tener en función del conjunto. Deberá evaluarse en qué medida cada postulante estará sintonizado con los propósitos generales de esta experiencia de vida, tarea que requerirá gran responsabilidad, incluso en las resoluciones desfavorables para ciertos aspirantes, por cuanto las personas evaluables como más enviciadas con las falencias de la vida urbana y menos compenetradas con lo que en estas comunidades se pretenda, lógicamente no tendrán un lugar preferencial en el orden de quienes se determine que participen en la experiencia.
    Tratándose de un proyecto con fines solidarios, estas comunidades deberán estar conformadas por el equilibrio de dos tipos de habitantes: los que más ayuda necesiten, y los que más ayuda puedan brindar. Si los más necesitados de asistencia fueran a componer la totalidad, la casi totalidad o aun la mayor parte de estas comunidades, ellas terminarían siendo un fracaso, porque carecerían de material humano en condiciones de actividad plena y con recursos culturales, intelectuales y materiales necesarios para la prosperidad de la vida comunitaria. En el otro extremo, si la totalidad, la casi totalidad o la mayoría de los habitantes fueran a ser de estos últimos, la propuesta sería elitista, quizá hasta con derivaciones racistas, considerando que ciertas razas tienen más factivilidad que otras para el acceso a la cultura y beneficios materiales. El justo equilibrio estaría en la combinación cuantitativamente adecuada, en dos mitades, de representantes de ambas situaciones o realidades sociales.
    Si se tratara de comunidades en las que todo habitante deberá trabajar y producir, estaríamos dejando afuera a desnutridos, niños y demás imposibilitados de efectuar labores; sería una propuesta discriminatoria. La idea es que se brinde asistencia a un determinado número posible de personas en tales condiciones, para que más adelante, cuando sus posibilidades físicas y mentales lo permitan, se integre a esos habitantes a las actividades productivas.
 

La geometría en el diseño urbanístico y arquitectónico

    Dependiendo de la topografía -de preferencia llana- se deberá; determinar qué forma tendrá la comunidad: círculo, estrella, triángulo, hexágono, octógono, u otras, podrán reemplazar la cuadrícula en damero con la que se ha venido simplificando el diseño urbanístico, encasillando a los habitantes. También las viviendas con ángulos rectos pegadas unas junto a otras y apiladas unas sobre otras, han comprimido insanamente a la población. La descompresión necesaria plantea la necesidad de espacios amplios entre las viviendas, que pueden ser con jardines entre una y otra, sin necesidad de paredes medianeras o alambrados para evitar la incursión de los vecinos, porque se tratará de comunidades donde el respeto mutuo hará esto innecesario. Y en cuanto a las formas cuadradas con que Occidente ha encasillado inarmónicamente a los moradores de las viviendas, los ángulos rectos podrán ser reemplazados por las curvas. Viviendas tipo iglú, con doble curvatura (hacia los lados y ascendente) desde el piso, cilíndricas con cúpula, o cónicas como las tipis de los indios de Norteamérica, son algunas de las alternativas posibles. Diseños piramidales podrán servir a fines terapéuticos, rearmonizadores, energizantes, o con fines de investigación. Arquitectos especialistas en Feng Shui (disciplina oriental para la creación de ambientes armoniosos, para una mejor integración entre las personas y su hábitat), podrán asegurarse de que las construcciones sean planificadas y levantadas en los lugares y de las formas más adecuadas a las posibilidades de bienestar de sus habitantes.
    Ni una sola forma geométrica para las comunidades, ni el tipo de construcciones para sus habitantes, deben ser de características uniformes para todos los lugares. En cada uno de ellos, dejando incluso la decisión librada a lo intuitivo, se deberá optar entre las geometrías y variables diversas que se tenga como alternativas posibles proyectadas, según cada caso en particular. A nivel experimental, cuanto mayor sea la diversidad de diseños urbanísticos y arquitectónicos que se apliquen, más resultados diversos se podrá tener para evaluar qué diseños brindan mejores condiciones de vida. La falta de antecedentes hace que lo que en teoría pueda ser considerado mejor, no lo sea en la práctica, y las experiencias acertadas o fallidas irán constituyéndose en esos antecedentes, que será necesario consultar.



 
 

    "La naturaleza está fuera de nosotros", señala como engañoso concepto, el periodista uruguayo Eduardo Galeano:
  "En sus 10 mandamientos, Dios olvidó mencionar a la naturaleza. Entre las órdenes que nos envió desde el monte Sinaí, el Señor hubiera podido agregar, pongamos por caso: "Honrarás a la naturaleza de la que formas parte". Pero no se le ocurrió.
Hace cinco siglos, cuando América fue apresada por el mercado mundial, la civilización invasora confundió a la ecología con la idolatría. La comunión con la naturaleza era pecado. Y merecía castigo. Según las crónicas de la Conquista, los indios nómadas que usaban cortezas para vestirse jamás desollaban el tronco entero, para no aniquilar el árbol, y los indios sedentarios plantaban cultivos diversos y con períodos de descanso, para no cansar a la tierra. La civilización que venía a imponer los devastadores monocultivos de exportación no podía entender a las culturas integradas a la naturaleza, y las confundió con la vocación demoniaca o la ignorancia. Para la civilización que dice ser occidental y cristiana, la naturaleza era una bestia feroz que había que domar y castigar para que funcionara como una máquina, puesta a nuestro servicio desde siempre y para siempre. La naturaleza, que era eterna, nos debía esclavitud. Muy recientemente nos hemos enterado de que la naturaleza se cansa, como nosotros, sus hijos, y hemos sabido que, como nosotros, puede morir asesinada. Ya no se habla de someter a la naturaleza, ahora hasta sus verdugos dicen que hay que protegerla. Pero en uno u otro caso, naturaleza sometida y naturaleza protegida, ella está fuera de nosotros. La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio cielo". (Reforma, 1995).
    En un artículo escrito con motivo del advenimiento del nuevo milenio, titulado "Derecho al delirio", dice Galeano: "La Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios "Amarás a la naturaleza, de la que formas parte"; serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma; los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar, seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo; la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero".

(volver)
 

*


    Construido por la Legión de la Buena Voluntad (LBV) conocida también como "Religión de Dios", (de línea cristiana diferente de la católica y la evangélica, pues acepta la reencarnación) este templo universalista no pretende ser un exponente de la doctrina. Sin símbolos cristianos, ni de ninguna otra religión, fue pensado como un espacio de encuentro para miembros de todas las religiones. Tiene un Parlamento Mundial, salones de arte, biblioteca; un lugar asombroso que tiene una mezcla de futurismo con reminiscencias milenarias, que tanto podrían parecer del año 7.000 después o antes de Cristo.

    Con sus siete caras y 21 metros (múltiplo de 7, número cabalístico empleado para su construcción), tiene en la punta un cristal de cuarzo que actúa como canalizador de energía cósmica.

(volver)

Comandante Clomro,
2001
 
 



 

DESARROLLO COMUNITARIO

Diferencias conceptuales con los propósitos neoliberalistas y de la ONU

    El siguiente texto, reproducido de un estudio realizado en México en los años 70, describe cómo las políticas de desarrollo de la comunidad trazadas por los países en el contexto económico capitalista han sido antidemocráticas, anulatorias de la vida interna de las comunidades sometidas a planes de transformación operados desde afuera, contaminándolas con insanos estilos de vida insertados en ellas para "adaptarlas" a contextos nacionales e internacionales. El autor muestra cómo hasta la ONU plantea un concepto de desarrollo de la comunidad que encaja en esa visión manipuladora en la que "incorporación" de la comunidad a una totalidad social y económica, y "progreso nacional", están por encima de la identidad, valores e iniciativas comunitarias.
 
 

Del libro: Técnicas de desarrollo comunitario, Francisco A. Gomezjara, (México,1977)

    1.— INTRODUCCIÓN AL DESARROLLO COMUNITARIO

    Es curioso constatar en cada ciclo de crisis capitalista, la aparición de programas para desarrollar la comunidad, destinados aparentemente a elevar las condiciones de vida de los más explotados. Sin embargo, su miseria que viene de lejos, ni amaina ni se estaciona: aumenta. Es más, al superar el sistema la crisis, vuelven a quedar en el olvido.
    Cuando las colonias quieren separarse de las metrópolis, se aplican programas de desarrollo de la comunidad; cuando el movimiento campesino se insurrecciona, aparece el desarrollo de la comunidad; cuando los países superindustrializados tienen excesos de capital y mercancías que necesitan enviar a los países 'atrasados', se aplica en éstos el desarrollo de la comunidad; cuando la descampesinización se multiplica debido a la modernización agrícola aconsejada por las multinacionales, y empiezan a migrar los hombres de campo a las barriadas urbanas, se diseñan nuevos programas de desarrollo de la comunidad… Y uno revisa y lee y vuelve a analizar los objetivos de tales programas y en todos ellos se apunta con énfasis y desenfado, su preocupación por elevar los niveles de vida del pueblo.
    ¿Es acaso un juego de equivocaciones? ¿Se trata sólo de un simple engaño? ¿Es un ardid para recuperar al sistema?
    Si el desarrollo de la comunidad inicia su existencia en aquellas malandanzas coloniales, ahora, en su pubertad, ¿estará ya en su madurez? Bien puede renegar de sus orígenes bastardos y en lugar de ser enfermera del capitalismo y la sociedad de consumo en las villas rurales y urbanas, convertirse en el viento fresco y delirante que en vez de ordenar, desordena la sociedad injusta, trastoca la adaptación y genera inquietudes y críticas; penetra hasta el fondo del alma comunal para extraer de esas honduras toda la fuerza para luchar por el cambio social.
    Como dijera Pío Baroja, nuestra cultura actual, es insuficiente, no por falsa, sino porque no nos hace felices: nos ha entristecido sometiéndonos a una moral absurda, plagada de temores y represiones… ¿Con qué derecho y ánimo podemos ir a imponer a los campesinos o a los pobladores estos desechos de la civilización que llevamos a cuestas? Desarrollo de la comunidad no debe significar más incorporación o integración de las gentes de campo o las barriadas a otros mundos, de manera paternalista y/o autoritaria, a sabiendas de que estos mundos a que les va a incorporar andan tan mal. Sobre todo cuando esta supuesta mejora equivale a convertirlos en consumistas de productos innecesarios. ¿Vale la pena cambiarles su carácter social por el nuestro? ¿O no sería más provechoso que ellos decidan?
    Los trabajadores del Desarrollo de la Comunidad reunidos en Guadalajara en mayo de 1976, acordamos que a pesar de que el concepto de desarrollo de la comunidad ha sido desvirtuado, por constituir una herramienta útil de trabajo se le debe rescatar, transformando su propia nominación: Desarrollo Comunitario. Es decir, la orientación del cambio y mejoramiento no debe partir de afuera y arriba de la comunidad, sino de su seno, de la organización conciente de sus trabajadores que deciden echarse a andar… De esta manera, el personal técnico del Desarrollo Comunitario, inmerso en el proceso de proletarización del trabajo intelectual, coincide e identifica con las necesidades inmediatas e históricas de los trabajadores que integran la comunidad, para organizarse ambos y laborar en pos de su mejoramiento real y efectivo. El primer paso es, sin duda, conocer las venturas y desventuras, aventuras en el sentido literal del término, acaecidas al desarrollo comunitario a lo largo de sus 35 años de existencia formal (desde 1941).
    Inicialmente son Inglaterra y Francia quienes lo aplican en varias de sus colonias que viven en el umbral de la independencia. Desarrollo de la comunidad bajo el status colonial vino a ser un instrumento civil de difusión de las relaciones capitalistas hasta los sitios más distantes y rezagados. Antes de abandonar el país, tenían que asegurar su control económico. Después, en el período independiente, se convierte en una alternativa a los grupos insurgentes, que deben suplir en forma no revolucionaria, todas las carencias de la administración colonial, generadora de la represión y la pasividad de una población inmersa en miserables condiciones de vida. Había que conseguir líderes nuevos pero leales al capitalismo dependiente, para ampliar el mercado de consumo interno.
    Se comienza por movilizar y hacer participar, hasta ciertos límites, a la población. Luego se le entrena en el manejo de los niveles medios de gobierno o de las agencias de las empresas multinacionales y del aparato militar asesorado por los occidentales. Era urgente, porque la nueva élite gobernante preparada directamente en la metrópoli, carecía de base social e incluso ignoraba mucho de la realidad presente.
    La capacitación de estos sectores, sin embargo, no debería llegar tan lejos que propiciara una concientización tal de la población que rompiera con el régimen capitalista, sustratum del nuevo colonialismo impuesto a sus países. De ahí la sumisión de los programas del Desarrollo de la Comunidad a los dictados e intereses del Estado.
    La segunda experiencia del Desarrollo de la Comunidad la representan los programas de inspiración estadounidense. Ideado por Kennedy en los años 60, viene a responder al fracaso de la guerra fría y la respuesta nuclear masiva para detener la guerra civil en China, las guerrillas de Grecia, Malaya, Vietnam, Formosa, Hungría, Cercano Oriente y Laos.
    De ahora en adelante se implementan las guerras sublimitadas contrarrevolucionarias apoyadas en los militares y gobiernos nativos. Este programa se complementa con planes de desarrollo socioeconómico en las áreas de pobreza, supuestamente generadoras del malestar y la insurrección. Además de la "medicina curativa militar", se preveía una "medicina preventiva civil" que en América Latina figuraba como Alianza para el Progreso: ALPRO. En su seno, figuraban los Cuerpos de Paz, el BID y multitud de programas de desarrollo de la comunidad.
    De esta manera, el Desarrollo de la Comunidad, como señala Fals Borda, viene a cumplir dos tareas: a) absorber y neutralizar el malestar campesino y de los pobladores de las barriadas urbanas, mediante su institucionalización y, b) preparar a estos sectores para una masiva introducción de la sociedad de consumo mediante la "revolución verde" o la construcción masiva de viviendas, en donde finalmente los únicos beneficiados reales vinieron a ser las multinacionales y sus agentes nativos proveedores del financiamiento, tecnología, la maquinaria y la multitud de insumos: vidrio, concreto, plásticos, refacciones, etc.
    En Vietnam, un informe de la ONU expone: "se han estado realizando durante los 7 u 8 últimos años grandes programas de desarrollo de la comunidad patrocinados por el Gobierno de los Estados Unidos. Estos programas, a los que se han dado diversas denominaciones, etc., consisten fundamentalmente en medidas defensivas paramilitares encaminadas a 'pacificar' y asegurar determinadas zonas rurales contra el elemento insurgente. La base de los programas de formación la constituyen la instrucción militar y los métodos de ayuda propia para el desarrollo rural…"
    Es cierto que a la llegada de los republicanos encabezados por Nixon al gobierno norteamericano, este enfoque ha variado. Las investigaciones llevadas a cabo por las universidades contratadas, mostraron que la correlación entre pobreza e insurrecciones era demasiado mecánica e incierta: tanto en Cuba como en Vietnam —dice un informe oficial— no era donde existía más pobreza respecto a los países del contorno, sino menos; lo que ocurría era que existía ahí una organización política decidida al cambio. Las insurrecciones entonces, al ser producidas por ellas, se convierten en el blanco principal: a partir de entonces la política imperialista se enfoca a eliminar a los líderes y a las organizaciones democráticas y revolucionarias: Che, Allende, el movimiento obrero argentino, etc. El interés por el desarrollo de la comunidad decae en los medios metropolitanos…
    La tercera experiencia importante, aunque no continua ni sistematizada, se desenvuelve en México. Iniciada alrededor de las misiones culturales, las campañas alfabetizadoras y la reforma agraria emprendidas entre las dos guerras mundiales, puede sintetizarse en los siguientes planteamientos:
    1.— Centra su atención en la organización socio-política de la comunidad; 2.— Esta comunidad no se concibe como una unidad social homogénea, sino como una estructura formada por clases sociales antagónicas, de las cuales a una sola ha de servir el desarrollo de la comunidad; 3.— Los programas de desarrollo de la comunidad van acompañados o ellos mismos ejecutan cambios profundos en la estructura social del país, como lo era la reforma agraria o lo vendría a ser la reforma urbana.
    A esta rica pero dispersa experiencia se sobrepuso el modelo estadounidense de desarrollo, llamado aquí desarrollismo, y el desarrollo de la comunidad se convirtió en extensionismo agrícola y clubes juveniles rurales dentro del programa 'modernizador' de la agricultura nacional, patrocinado por los consorcios internacionales o en empresas paternalistas del Estado destinados a abaratar la mano de obra de los proyectos públicos y empresas privadas y/o acrecentar el control de la población.
 

    2.— LOS CONCEPTOS SOBRE DESARROLLO COMUNITARIO (D. C.)

    2.1.— El modelo teórico original de sustentación del D. de la C., es la sociología funcionalista que afirma que: 2.1.1.— el sistema social globalmente considerado funciona bien; sólo existen algunas anomalías, desviaciones o retrasos, necesarios de corregir; 2.1.2.— El punto de referencia o prototipo social resulta ser Europa Occidental y los Estados Unidos, a quienes se les denomina sociedad moderna, urbana, racional o de tecnología avanzada; 2.1.3.— Por contraparte, en los países dependientes subsisten grandes áreas rezagadas, rurales, representativas de la sociedad anterior a la modernidad, caracterizada por una comunidad rural cerrada al capitalismo nacional e internacional, homogénea, opuesta o difícilmente convencida de la 'superioridad' del modelo de vida urbano, con una familia extensa y costumbres mágico-folklóricas; o comunidades suburbanas "marginadas" del rápido avance metropolitano, y por lo tanto carentes de servicios y patrones de vida modernos, con amplios sectores sub o desocupados, inclinados a las actividades 'delictivas'; 2.1.4.— de ahí entonces, el Desarrollo de la Comunidad se abocará a 'preparar' a la comunidad para que deje de ser una sociedad tradicionalista o una zona suburbana marginal, y alcance por su propio esfuerzo el grado de sociedad moderna, dinámica, individualista y consumidora.
    La propia definición de las Naciones Unidas muestra ese carácter: "el desarrollo de la comunidad son aquellos esfuerzos de una población que se suman a los de sus gobiernos para mejorar las condiciones económicas, sociales y culturales de sus comunidades e integrarlas a la vida del país y permitirles contribuir plenamente al progreso nacional".
    2.2.— Nosotros consideramos en cambio que es menester rescatar la experiencia mexicana enfocándola hacia nuevas perspectivas: este nuevo desarrollo comunitario significa organizar independiente y democráticamente a los explotados de las comunidades rural-urbanas no para adaptarlas, incorporarlas o modernizarlas, según el modelo capitalista, sino para oponerlo y sacarlas de ese proceso, a través de la crítica y la acción cooperativa solidaria a favor del cambio social radical. Ya Mariátegui desde 1926 lo planteaba: "todas las tesis sobre el problema indígena que ignoran o eluden a éste como un problema económico-social, son otros tantos estériles ejercicios teoréticos y a veces sólo verbales, condenados a un absoluto descrédito. No las salva a algunas ni su buena fe… La cuestión indígena arranca de nuestra economía. Tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra. Cualquier intento de resolverla con medidas de administración o policía, con métodos de enseñanza o con obras de vialidad, constituyen un trabajo superficial o adjetivo…"
    Los fundamentos teóricos de esta concepción parten de las siguientes consideraciones: 2.2.1.— la actual sociedad capitalista —metrópolis y periferia—, se encuentra en una crisis que es necesario superar, no reacondicionándola, sino transformándola; 2.2.2.— en el proceso de transformación, la clase trabajadora es la más interesada en realizarlo, para lo cual cuenta con diversas organizaciones y métodos de acción claramente estructurados: sindicatos, huelgas, partidos, consejos obreros; sin embargo, no siempre funcionan ni abarcan realmente a todos ellos. Es decir, estas organizaciones y métodos no sustituyen, sino apoyan y complementan el desarrollo comunitario que actúa, sobre todo, entre los sectores más desvalidos: campesinos pobres, indígenas, pobladores, inquilinos, con el fin de ligarlos al movimiento obrero y lleguen así a trabajar por su mejoramiento social y particular; 2.2.3.— Como en las sociedades dependientes no coexisten, sino se sobreponen unas regiones a otras sobre relaciones de explotación, aunadas a las que se expresan entre las clases sociales, las zonas atrasadas se rezagan o marginan no porque se encuentren desligadas de las avanzadas, sino porque existe un desarrollo desigual y combinado en el que ese contacto aparece demasiado estrecho, expoliador. Surgen así varias zonas —clases sociales— sobreempobrecidas definidas como: 2.2.3.1.— En las zonas rurales, 2.2.3.1.1.— campesinas pobres, 2.2.3.1.2.— indígenas; en las zonas urbanas, 1.— vecindades o conventillos, 2.— colonias populares sin urbanización, 2.2.3.1.3.— viviendas construidas en baldíos, azoteas en edificios de los centros urbanos en forma "provisional" aunque permanente, 2.2.3.1.4.— barriadas de invasión: ciudades perdidas, callampas, ranchos, favelas.
    2.2.4.— Como las zonas avanzadas o 'modernas' representan el sector de la sociedad más colonizado por la economía e ideología mundial capitalista, y por lo tanto, no puede ser el modelo a seguir por las zonas atrasadas, porque además hay que preguntarse si están capacitadas para asimilar (otorgar trabajo, educación, vivienda a toda la población que lo requiere), a las otras regiones no modernizadas. Siendo que, precisamente, el rezago de aquéllas se debe a las relaciones de explotación impuestas sobre su economía, y al mismo tiempo, a la incapacidad de la sociedad global, dirigente o moderna, para prestar todos los servicios. De ahí que se proponga no incorporar a las zonas 'marginadas' al consumismo, haciendo que ellas mismas costeen su propio mejoramiento.
    2.2.5.— De ahí que las comunidades rurales o urbanas empobrecidas, deben buscar nuevos caminos para lograr el bienestar, utilizando las técnicas y métodos elaborados por las ciencias sociales orientadas hacia el cambio social. Este concepto de desarrollo comunitario implica la organización de los explotados de las comunidades también más expoliados, en forma cooperativa, democrática y con autogobierno, manejando sus recursos y los que el Estado les proporcione, para luchar contra las relaciones de injusticia que sufren. A lo largo de este proceso se transforma la comunidad y se estrechan las relaciones de solidaridad con las fuerzas del movimiento obrero-campesino democrático e independiente del Estado y los patrones, del movimiento estudiantil progresista, todas encaminadas a la transformación global de la sociedad.
    2.3.6.— Entre el modelo tradicional de desarrollo de la comunidad y este último, existen sin embargo, una gran diversidad de matices y posibilidades para la acción del desarrollo de la comunidad. Presentamos ahora el proceso que sigue un proceso de desarrollo de la comunidad, haciendo hincapié sobre todo en las técnicas más usuales y efectivas aplicadas por aquél.

    3.— EL DESARROLLO COMUNITARIO ES, ENTONCES:
    3.1.— UN PROCESO porque contiene una progresión de cambios.
    3.1.1.— Cambio de una situación donde pocas personas —de dentro o de fuera de la comunidad— deciden por el resto de la gente, a una condición donde la gente misma toma estas decisiones sobre asuntos de interés común.
    3.1.2.— Cambio de una relación desigual en el intercambio comercial de la comunidad con el exterior, a otra relación, igualitaria en tales intercambios.
    3.1.3.— Cambio de un estado de mínima cooperación y organización de la población explotada (económica, social y/o culturalmente) por otra de estrecha colaboración.
    3.1.4.— Cambio de una condición de desperdicio de los recursos propios a una condición donde éstos se utilizan racional y democráticamente.
    3.1.5.— Cambio de una situación donde el gobierno imparte servicios y la población permanece pasiva, a una situación donde la propia población se organiza, colabora en su instalación y administra tales servicios.
    3.2.— UN MÉTODO, porque es un camino a recorrer con la finalidad precisa de alcanzar:
    3.2.1.— Un cambio social organizado.
    3.2.2.— Donde la población recobre su derecho a la participación económica, política y social.
    3.2.3.— La utilización racional y demócrata de los recursos de la comunidad sobre-explotados o desperdiciados.
    3.2.4.— La coordinación de los programas de mejoramiento social y de servicios aprobados o ya aplicados por los gobiernos en torno de tales comunidades.
    3.2.5.— La coordinación de los recursos técnicos o asistenciales de organismos privados nacionales o internacionales, como pueden ser sindicales, universidades, asociaciones, Naciones Unidas, etc.
    3.3.— UN PROGRAMA donde se concretizan los pasos del proceso y del método para:
    3.3.1.— cuantificar recursos financieros, humanos y físicos disponibles dentro y fuera de la comunidad.
    3.3.2.— precisar las metas inmediatas y mediatas a lograr.
    3.3.3.— concretizar los procedimientos y técnicas a utilizar.
 
 

COMENTARIOS SOBRE EL TEXTO CITADO

    Conforme a lo expuesto hasta aquí sobre cómo debe y cómo no debe plantearse una propuesta de desarrollo comunitario, es claramente observable en qué dirección apuntan las políticas neoliberalistas, económica y culturalmente favorables a factores y fines foráneos a las comunidades que se pretende "ayudar".
    El concepto de comunidad, con todo lo que en él está implícito en cuanto a la importancia de lo cooperativo en la vida social, no conviene a tales intereses: mejor plantear la estrategia desarrollista centrando el foco en el individuo, atomizado, pasivo y receptivo a lo que desde arriba le sea determinado. No obstante esa forma de vida no comunitaria por parte de los ciudadanos, los gobiernos hablan de la "comunidad", nacional, estatal, o local, como si acaso tuviera algo de comunitaria esa clase de existencia individualista.
    Pero tampoco vamos a esperar que este anticomunitarismo nos sea confesado para nuestro esclarecimiento y cambio, por los mismos políticos que pretenden debilitar el espíritu comunitario a favor de la eficiencia productiva para la gran sociedad de consumo. Llevados sus fines al seno de la ONU, tampoco debemos esperar de ella un planteo que no consista en que a las comunidades haya que "integrarlas a la vida del país y permitirles contribuir plenamente al progreso nacional". Con ese criterio, trasladado a un plano internacional, las comunidades de los países son "integradas" a la vida del mundo (globalización) para que contribuyan al progreso multinacional (de las multinacionales).
    Si a lo explicado por Gomezjara sobre esto de imponer a una comunidad determinadas condiciones desde afuera, lo confrontamos con el plan de comunidades del Proyecto O.H.U., debe tenerse en cuenta que si bien en él habrá una normativa y fines no establecidos desde adentro de cada comunidad, sino por una organización mundial, tampoco puede hablarse de comunidades con una historia y dinámica preexistentes: son comunidades planificadas para funcionar de una determinada manera, y sus habitantes las integrarán voluntariamente por estar de acuerdo con las disposiciones fijadas. Sin embargo, por ser núcleos que si bien tendrán una cultura planetaria de convergencia, también tendrán diversidad cultural, ésta deberá preservarse de modo que cada conjunto étnico y folklórico funcione comunitariamente, en la parte periférica del poblado. El cual, con sus decenas, cientos o millar de habitantes estará compuesto por comunidades a las cuales no habrá que "integrar" a la cultura planetaria común a todos, a desarrollarse en la parte central, sino preservarlas para que funcionen autónomamente según sus usos y costumbres, siempre que éstas no transgredan la normativa mundial. Todo individuo será parte de dos comunidades: la planetaria, y la étnica-cultural del grupo de gente a que pertenezca. Tendrá derecho y obligación de desarrollar actividades tanto en la periferia como en el centro, para que unidad y diversidad cultural sean mantenidas en equilibrio. Nadie deberá descuidar el cultivo de lo folklórico de su región de procedencia por estar muy dedicado a lo universalista, y viceversa.
    Este plan comunitario no pretende anular lo diverso a favor de lo global, sino hacer que la diversidad enriquezca al conjunto. En cambio, la globalización de lo no universalista y definidamente perteneciente a una determinada cultura (como McDonald's, Pepsi o Backstreet Boys), al desplazar a lo autóctono (como las comidas, bebidas y músicas locales) y reemplazarlo, empieza por empobrecer a las poblaciones de los países, y no tiene otra perspectiva que la de terminar por empobrecer al mundo. La globalización de lo universalista y común a todas las culturas (como la astronomía, las matemáticas, los valores espirituales, o el cuidado de la salud y del medio ambiente), sí es beneficiosa y no debe ser confundida con la anterior; cuando se habla de globalización, habría que hacer esta distinción. Los "globalifóbicos", en realidad, no están contra la globalización de lo universalista, sino de lo imperialista que pretende suplantarlo. Y los defensores de la globalización, en realidad, no defienden lo universalista, sino los intereses a los que sirven. Si realmente defendieran lo universalista, sería de ello de lo que hablarían, y no de "las ventajas de la modernización tecnológica" mediante el consumo, por parte de los países más pobres, de tecnología importada de los ricos. Esta clase de globalización beneficia a la vidriera del mundo, hecha de ostentaciones, pero no a la trastienda, habitada por los miles de millones de pobres. Es elogiada por quienes consideran que el buen o el mal funcionamiento del mundo se mide según la gordura y bienestar de la reina, y no por el estado de las obreras. Con ese mismo criterio es que se considera a la civilización egipcia como algo elogiable por los tesoros que ostentó y legó, en vez de lo deplorable que fue por haber alcanzado semejante riqueza a costa de la explotación de esclavos. La supuesta grandeza de los faraones no hubiera tenido lugar si ellos, por ausencia de esclavos, hubieran tenido que trabajar. De modo semejante, la grandeza de los faraónicos mercaderes de la globalización se sustenta en el estado de esclavitud en el que para ellos trabajan tantos seres humanos.
    El desarrollo comunitario propuesto por el Proyecto O.H.U. habrá de ejecutarse contra esa clase de fines globalistas, a favor de lo universalista y de lo local y regional, para una comunidad planetaria en la que lo comunitario de las subculturas de cada poblado no sea debilitado, sino estimulado por los valores universales. Porque lo diverso como producto de la singularidad del ser individual y colectivo, también hace a la universalidad. La homogeneidad es pobreza bajo este concepto (por el cual la globalización económica es humanamente pobre), y la heterogeneidad es riqueza. Con vistas a un enriquecimiento mayor que el posible en poblaciones con una sola cultura, es que las comunidades del Proyecto O.H.U. están planeadas como multiculturales. Pero no sería suficiente una sumatoria de riquezas diversas, sin la búsqueda de patrones de unificación en una cultura que sintetice lo mejor de todas, para que la gente participe de ella tanto como de la propia. Por eso el proyecto establece que una cultura planetaria debe ser lograda, lo más democráticamente posible para que no le sea impuesta arbitrariamente a los habitantes de esas comunidades, sino que emerja del pensamiento y la voluntad de los pueblos.
 


anterior
I
EL PERFECCIONAMIENTO HUMANO EN UN MUNDO IMPERFECTO

siguiente
RED INTERCOMUNITARIA MUNDIAL


[Principios y Fines] [Proyecto] [Comunidades] [Situación de la O.N.U.] [Bandera de la Paz] [Jardín de la Paz] [Planificación de Pasos 2002-2013] [Divulgación] [Participe] [Páginas Relacionadas]

Página Principal