Proyecto
O.H.U.
Organización de la Humanidad Unida
DE LA AUSENCIA AL LOGRO DE UN PROYECTO DE HUMANIDAD UNIFICADA
 

I
EL PERFECCIONAMIENTO HUMANO EN UN MUNDO IMPERFECTO

ADVERSIDADES Y PROBLEMAS



No-interferencia cultural

    Después de siglos de exterminio, esclavización e invasión imperialista, los que formamos parte de la civilización urbana, observamos a pueblos primitivos como los del África, América u Oceanía, pensando en tratar de no contaminarles su cultura, dejándolos permanecer en su milenario estado. En momentos en que astrónomos, ingenieros y diversos científicos trabajan en hipótesis y proyectos de nuevas tecnologías para viajes espaciales a velocidades hiperlumínicas, ya hay quienes se están preguntando qué actitud tendrían nuestros astronautas, si llegaran a mundos habitados por gente menos avanzada que nosotros. Si interferir en el desarrollo cultural que tengan, enseñándoles cosas, modernizándolos, o si dejarlos seguir su curso sin meterse en el proceso que llevaran.
    Algo parecido a esto, es lo que se plantea cuando se habla de la posibilidad de que seres extraterrestres estén siguiendo -y desde cerca- el desarrollo de los acontecimientos nuestros sin intervenir. Aunque, en contradicción con ello, se plantea la posibilidad de que hubo injerencia extraterrestre en la antigüedad, cuando fueron hechas construcciones imposibles para pueblos sin la tecnología necesaria. El hecho de haber sido halladas evidencias de tecnología superior a la actual en obras de la antigüedad, ha llevado a reformular conceptos arqueológicos y a considerar como posible lo que la tradición científica se venía negando a admitir. De ser esto cierto, podría pensarse en una tentativa de ayuda extraterrestre en el pasado, y que luego la humanidad fue dejada a su suerte, vigilada pero no interferida. Tal vez nuestros astronautas procedan de modo semejante en caso de ser ellos los "civilizadores" de habitantes primitivos de otras esferas. Algo que, llegado el caso, les tocará decidir a  las autoridades mundiales correspondientes.
    Por ahora, podemos seguir practicando conceptos de "no intervención interferente" respetando a los seres incivilizados de nuestro propio mundo. Así como respetando a las plantas, animales, aguas, tierras y la atmósfera, procurando revertir el proceso de destrucción de la naturaleza que hemos venido impulsando. Mientras anhelamos poner fin a las guerras, a la pobreza, a enfermedades, a conflictos étnicos, religiosos y demás cosas que nos mantienen bastante lejos de un ideal de mundo.
 

Mundo ideal

    Cuando se le pregunta a la gente cómo concibe que debe ser un mundo ideal, las respuestas que pueden obtenerse sugieren que no estamos precisamente en él: pese a las maravillas que posee y a todo lo que nos ofrece, este mundo no le parece del todo satisfactorio a nadie. Diversas formas de imperfección definen a este planeta como distante y distinto de lo que puede entenderse como un mundo feliz, normal, el paraíso que suele imaginarse que existe en "el Cielo", o alguna dimensión o lugar del cosmos. Incluso, ante la idea de que sin una humanidad tan imperfecta como la nuestra, el mundo funcionaría bien, siguen habiendo imperfecciones observables con sólo imaginar al mundo sin humanos, sólo poblado por las otras especies vivientes: ellas estarían, como lo estuvieron antes de la existencia del hombre, en constante lucha por la supervivencia, bajo riesgo de muerte por enfermedades, accidentes, sed, hambre o terminando como alimento de otras especies. Para muchos, la idea de "mundo ideal" no admite la existencia del sufrimiento, no sólo humano, sino tampoco para especie viviente alguna. Un mundo sin carnívoros, sin estructuras biológicas que puedan enfermar, dañarse, mutilarse sin capacidad regenerativa. Un mundo, también, sin terremotos, erupciones volcánicas, tornados, huracanes, inundaciones y sequías; inestabilidades ambientales que impidan vivir en paz y seguridad.
    Tal ideal de mundo, posiblemente, se trataría de un reino espiritual donde el medio físico y los cuerpos de los seres estarían bajo control de sus mentes y espíritus, capaces de obrar lo que para nosotros serían verdaderos milagros. Si aquí mismo, dentro de tanta imperfección, hay seres capaces de caminar sobre brazas sin quemarse, de levitar, de mover objetos con el pensamiento, o de curar enfermedades imponiendo las manos, bien puede imaginarse que en un mundo ideal todas estas cosas serían normales para cualquiera, dominando la materia a grados tales que allí pueda no existir la muerte. Si nos remitimos a libros sagrados o a enseñanzas espirituales de diversas culturas, vamos a encontrar la idea de una "vida eterna" en condiciones tales, ya sea fuera de la Tierra, o aquí mismo con posterioridad a las transformaciones mundiales que anuncian. Por lo tanto, a partir de la fe, el conocimiento o la libre especulación de cada uno, debemos considerar la posibilidad de que exista en el universo un plano o muchos lugares donde se cumpla el ideal de mundo que muchos tienen. Inclusive, es de considerarse como posible la existencia de una pluralidad inmensa de mundos habitados que vivan en amor, paz y felicidad, debido a la ausencia en ellos de todas las imperfecciones que conocemos.
 

Mundos imperfectos

    Podemos, también, considerar como posible la existencia de muchos mundos imperfectos, cuyos habitantes logren avances tecnológicos que les permitan ir a otros mundos, sin paralelamente haber avanzado espiritualmente. Consecuentemente, si poblaran otros mundos, proyectarían en ellos sus imperfecciones. Nosotros no estamos tan lejos de iniciar algo así fuera de la Tierra. ¿Por qué no considerar que hace miles o millones de años, en otros mundos ya lo hayan hecho, por ser humanidades más antiguas que la nuestra? Podría imaginarse, entonces, que seres imperfectos procedentes de diversos mundos, instalasen colonias no sólo en distintos planetas, sino en los mismos mundos que otros seres. En cualquiera de esos mundos, los colonizadores, disputándose el control de territorios, de espacios aéreos, de océanos, o del planeta todo, dada su baja evolución espiritual, tenderían a entrar en conflictos bélicos. De resultas de ellos, las colonias instaladas en diversos territorios podrían ser destruidas, y los sobrevivientes ser evacuados unos, mientras otros podrían iniciar progresivamente nuevas civilizaciones, en algún modo apoyados desde afuera por sus semejantes que quedarían en el espacio o en su mundo de origen. También podría suceder que los sobrevivientes quedaran sin apoyo, sin tecnología, en un planeta casi inhabitable luego del gran conflicto, y que sus descendientes fueran perdiendo sus raíces, su historia, a tal punto de ignorar que su genética es foránea, creyéndola surgida en ese mundo, producto de un proceso evolutivo.
 

Diversidad racial

    Los descendientes de las distintas civilizaciones iniciadas en aquellas colonias, luego destruidas, irían demarcando sus territorios, o invadiendo los ajenos, sin posibilidad de llegar a un entendimiento, por sus diferencias raciales, idiomáticas, religiosas, y la vocación de poder, expresada en el uso de las armas y el afán por los bienes materiales.
    Mundos que hayan pasado por tal historia quizá existan muchos, y el nuestro -¿por qué no?- puede ser uno de ellos. Al fin y al cabo, la antropología no ha podido explicar cómo la diversidad de razas humanas pueda proceder de un mismo tronco. Más bien, el legado histórico, la mitología de diversos pueblos de todo el mundo, remite al origen "celestial" de sus ancestros. Razas y pueblos de diversas genéticas, cada una oriunda de distintos mundos, en los cuales habría un cierto grado de uniformidad racial, cultural, para convivir -más allá de la falta de desarrollo espiritual- como convive pacíficamente una comunidad de hormigas. Y como sucede con las hormigas cuando se encuentran con otras distintas, el ser hormigas pese a las diferencias, no las hace necesariamente amigas, sino que entran en combate. El poblamiento del mundo por parte de diversas razas humanas, no responde a nada que pudiera ser definido como un "proyecto integral". Por el contrario, cada raza parece haber obedecido a un proyecto territorialista desentendido del de las otras razas. A tal punto que, a cierto grado de expansión y superposición territorial, el proyecto de cada una debía entrar en conflicto con el proyecto de otra.
    Podría considerarse la posibilidad de que no existieran tales proyectos territorialistas por separado, sino que directamente la expansión de las razas y pueblos se haya producido sin ningún proyecto por parte de alguna inteligencia que operara desde fuera de la Tierra. Aunque esto estaría en contradicción con la tradición judeocristiana, con la azteca, y otras, las cuales dan cuenta de que hubo una determinada "deidad" conductora de los destinos de su "pueblo elegido". Trátese de la hipótesis extraterrestre o de la tradición religiosa, cualquiera de los caminos conduce a la conclusión de que no hubo un proyecto global de poblamiento por parte de las diversas razas y culturas, sino más bien una verdadera "Torre de Babel" que conspiró contra toda posibilidad de entendimiento entre los pueblos.
   Más allá de si extraterrestres o dioses fueron los responsables de tan heterogéneo poblamiento del mundo, lo que tenemos en claro son las consecuencias de un desorden inicial que nunca pudo ser resuelto por los diversos representantes étnicos de la especie humana. Consecuencias que han conducido a la especie al límite de su autodestrucción.
 

Humanidad sin un proyecto

    A lo largo de toda la historia, hemos sufrido la ausencia de un proyecto de humanidad integrada. A mayor diversidad racial y cultural, mayor dificultad para integrarnos. En lugar de que la variedad de etnias y culturas aportara riquezas a sumar para el logro de una humanidad de grado superior, esa diversidad no se ha sabido manejar convenientemente, sino que ha sido tomada como separatoria entre los pueblos.
    Imaginemos un mundo en el que hubiera una sola lengua, una sola cultura para todos, una sola raza. Todos iguales, todos unidos. Allí no tendrían la posibilidad de vivenciar la diversidad, en una forma de entendimiento mundial que emerja del espíritu de convivencia e intercambio. Nosotros sí tenemos esa posibilidad. No somos una raza representante de un mundo, sino que somos una especie constituida de razas representantes de distintos mundos, dentro de un mundo. Cada raza, cada pueblo, es un mundo en el mundo. Estamos todos aquí, no unidos, sino reunidos, antagónicamente, por algún error en el proceso evolutivo. El error persistirá hasta el momento en que hagamos de esta reunión, la hasta ahora no aprovechada oportunidad, tan singular, de elaborar un proyecto de convivencia entre razas y pueblos.
    Inicialmente, las razas han estado más o menos separadas cada una en un continente o en regiones, y luego de subdivididas en pueblos, éstos han tenido cada uno sus demarcaciones territoriales. Actualmente, dentro de diversos pueblos, existen zonas, barrios, donde las razas están separadas. Por ejemplo, negros descendientes de esclavos en América, o blancos descendientes de invasores europeos en África. Esa tendencia de la gente a nuclearse por afinidad racial, nacional y cultural, coloca barreras a la relación con los distintos. El segregacionismo, la discriminación a los inmigrantes, son problemas que deben resolverse mediante un proyecto global para la humanidad. Movimientos migratorios no planificados, en los que grandes contingentes vayan de un país a otro, o del interior de un país a sus grandes ciudades, provocando conflictos poblacionales, económicos, y otros, sin ningún control que pueda administrar dónde van a residir y en qué van a trabajar esos ciudadanos, seguirán siendo un problema en tanto no haya un ordenamiento inteligente de tales desplazamientos humanos.
 
 

continuación
II
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