POETA INVITADO

 

 

 

YVÁN SILÉN

 

Nació en Santurce, Puerto Rico, en 1944.  Poeta, narrador, ensayista y filósofo. Reside en Nueva York desde la década de 1970.  Allí dirigió las revistas Lugar sin límites y Caronte.  Ha publicado los siguientes libros de poesía: Después del suicidio (1970), El pájaro loco (1971), Los poemas de Filí-Melé (1976, 1987), El miedo del Pantócrata (1980), La poesía como libertá (1992; Premio del Pen Club de Puerto Rico) y Casandra & Yocasta (2001).  Además de poeta es novelista (La biografía, 1986; La casa de Ulimar, 1988), cuentista (Los narcisos negros, 1997) y ensayista (Al llanto de las ninfómanas, 1981; Los ciudadanos de la Morgue, 1997). Produjo dos importantes antologías: Los poetas puertorriqueños/The Puerto Rican Poets (1972, junto a Alfredo Matilla Rivas) y Los paraguas amarillos: los poetas latinos en Nueva York (1983). Ha publicado recientemente la novella La muerte de mamá (2004).  En estos momentos se encuentra laborando en un libro de poesía neomística titulado Tu té de mirra; y en untexto filosófico: La Muerte de la Filosofía. 

 

 

 

El gato d'angora

                                        A López Dzur,

                                            a Alberto Martinez y

                                            a Ana María Fuster

Soy casi un ser, aunque amanezca lento. Soy

medio ser, aunque la noche continúe.
Soy un cuarto (un sueño) de ser, aunque

nada tenga sentido. Soy un dieciséis


de nada: un gato d'angora negro, un
gato sombra de luz que me mira
enamorado del gato de mis ojos.
Soy la urgencia de mi carne por tus besos.

 

Un lago sembrado de lotos. Un río
sembrado de lluvia. Un estanque sembrado
de cielo. Soy casi un ser como un disparo.

Un sueño que prosigue en los insomnios.
(Soy un cielo sembrado en los espejos.)
Un gato de luz en medio de las sombras.

 

 

 

 

Poemitas para ser guardados

en el alma

 

 

          1

 

El día es azul como un Dios en

la sombra de los niños. El

niño es un pez

en la mariposa

muerta

de los días.

 

         

          2

 

¡Alma mía, mi dolor

en el misterio de las sombras!

Tú que te asustas de mí,

¿por qué no te asustas de la muerte?

 

         

          3

 

Muelo el tiempo en el cristal del cielo.

Huyo al espejo, neblina de vidrio,

sobre el olor zumbante de los lirios

oigo pasos y me volteo:

Narciso

me contempla

contra el susurro de las rosas.

 

         

          4

 

La primavera es la barca

do Caronte sueña con tu amor.

Llueven espejos sobre los niños.

Y descubro al hombre que t'espía.

 

         

          5

 

Una hoja se transforma en un canario.

A veces sueño y el pez

salta como un ave

en el riachuelo.

A veces sueño

encima del columpio,

un gato,

entre las hojas

hay un ratón

que huye de los niños.

 

         

          6

 

Abierta la puerta,

Dios en el umbral,

sombra que se mira en los ojos de la sombra.

Delicado el sueño:

l'araña

se

d

e

s

l

i

z

a

a lo

profundo

de

tu

copa

 

         

          7

 

Llueve

estrepitosamente contra el cielo.

Frente al mar

habitan los corceles

amarillos.

 

 

 

 

 

¿A Dónde, Hurí?

 

Al poeta José de Jesús

Domínguez (1843-1898),

uno de los fundadores del

Modernismo puertorriqueño

y del Modernismo hispanoamericano.

 

Demencial, Hurí, cuando me besas

al borde de la carne y del silencio:

oscura lluvia, tú, néctar de muerte

tu lengua ocaso me pronuncia, me

 

lame y me rebusca: ¿quién eres,

¡oh, Hurí!? ¿Qué mujer s'esconde en tu

suicidio? ¿Qué muerte te trafica entre tus besos?

¿Quién te sentará como un girasol contra

 

el espejo? Déjame cantarte sarcástico

de amor en la bruma blanca de tu vientre erizo:

cueva de amor do sucumben los marinos.

 

¿A , Hurí, tu boca loca? Puerta de Dios entre

tus muslos pequeños, peludos, blancos, do

tu lengua, Hurí, me llama, me lame, me sucumbe.

 

 

 

 

 

El Astrophísico

 

Aquí estoy delante del asombro

sin saber con qué palabra nombrarte.

Mientras t'escribo esta

carta seudophísica

y te contemplo en tu día

y en tu noche,

a cien billones

de trillones de billones de segundos

más allá de la luz y

más allá de la sed,

te faxeo,

"t'emilio",

te radio

y no sé si m'escuchas ahora,

no sé si m'escuchas nunca,

y menos aun sé

en qué singularidad te hallas

como un cero del tiempo,

de velocidad de la luz

a los no tiempos de tu carne.

¿Qué prisa posees?

¿Cuál es la urgencia de morir

en la raíz cuadrada de los sueños

do soñabas, Tú,

la Rosa imperiosa

de la explosión del principio?

 

¿Qué carroza de fuego hervido

te protegió de la Nada?

¿Qué carro de luz inflamado

de galaxias,

te protegió de las pr'estrellas?

 

¿Qué universo eras y eres de la nada,

si fuiste el tiempo imaginario

de toda materia posible

de toda lluvia posible,

de toda mariposa,

de todo otoño florecido?

¿Dónde, cuándo, di,

en qué curva del tiempo-espacio

el universo se volcó

en lo posible tuyo

y en lo posible mismo de cada hombre?

Tu nombre se volcó

ascuamente

en cada segundo

de billones y millones d'espacio

a las transiciones de las faces

do el mundo,

maravillado de sí,

acontecía

mariposamente

a lo que tenía que ser

de ti y de mí:

roble de invierno abierto

contra los cielos encendidos

de aerolitos.

 

¿Qué singularidad te partió el alma?

¿En qué billón de los trillones de segundos

levantaste el pabellón de ti mismo?

¿Dónde estaba entonces

el error del hombre?

¿En qué huevo del tiempo

imaginaste lo posible del espacio,

si la lluvia d'estrellas,

flama contra flama,

ascua contra ascua

en tus espejos de cenizas,

en tus espejos de azogue

do te miras y me ves

--do te miro y no me veo--

cuando regrese la materia y

nos aplaste

en ese enorme "crunch"

y aplaste toda luz, toda palabra,

toda flor)

como un milagro

en medio

de las naves.

 

¿Quién molerá el polen

del mundo para empezar de nuevo?

¿Qué'xtraño retorno de lo mismo

prometes en el delirio

de los astrophísicos?

¿Qué horno de ti

retornará para abrumar

el sentido de la carne?

 

Los flamboyanes crecen

impávidos

azules,

rojos,

incandecentes,

nitrogliceriando de brumas,

o en la piroxilina de los otoños amarillos

contra el alba,

así al principio como al final

gira y gira

esparciendo

semilla de luz,

espermatozoides de fuego

de helio,

de ceniza,

de ascua.

 

¿En qué instante de los billones

d'estrellas veré tu nombre

escrito en los espejos?

¿En qué acontecer de Dios

tu tiempo imaginario

será cierto,

en esta carne del brujo

que arderá tuya y mía,

secreta

y oscuramente,

en la imaginación posible

de los tiempos?

 

Aquí estoy delante del asombro

sin saber aún con qué

palabra habré de marcarte.

Estoy aquí delante del carimbo

con qu'escribo

entre tu alpha y mi omega,

(entre el universo que va

y el universo que viene).

Aquí estoy esperándote,

a cien billones de trillones

sabiendo que hubo explosión

de Big-Bang al principio de tus besos,

y al final de los mismos besos

del Cristo alucinado

(del gran retorno,

de la enorme aglutinación de la carne),

la cruz sólo será una ilusión

en medio de la curva

del espacio tiempo

(aerolitos y cometas,

planetas y estrellas)

que dice hosana delante de la muerte

cuando el universo crece

como una niñita enamorada

y el espacio,

al fin y al cabo,

como un anciano

hastiado de sí,

rugiendo de artritis

por todos los huesos de tu carne.

 

Tu universo está delante de mí

y yo no termino de faxearte

enamorado.

 

 

 

 

 

La Mariposa

 

Dios es además.
Dios es certero.
Dios es el secreto.

No sé cómo morir, pero tampoco he sabido cómo vivir. Miro una rosa y no me atrevo a encenderla. Tal es su belleza (tal es lo fugaz, el instante, lo sublime) que me espanto de la abeja que la invade. Dios es lo añadido: suma del cielo y de la tierra. Como un hombre y una mujer la abeja vibra y orgasma, pero las rosas habrán muerto en el ocaso. Extiendo la mano y la rosa vuela: mariposa de polen (de agua, de fuego) en el espejo. La mariposa vuela contra la nada del humo de la luna.

Estoy en medio de Dios.

La rosa me remolina el polen de la lengua. La mariposa me remolina el viento. La galaxia me remolina a Dios. Camino en el secreto de mí mismo. La luz es tibia (y Elsa canta por los ojos). La galaxia m’está girando por el alma. No he tomado la pluma. No he tomado una sola palabra del secreto. (Elsa baila y yo le muestro la mariposa negra de la muerte.) Elsa no cree en Dios, pero yo he visto la mariposa; yo he visto la galaxia. Ella ve sólo las alas, pero yo veo los labios de Dios sobre mis ojos. Yo oigo, no la risa de Elsa, sino la abeja que orgasma por mi espanto. Mi carne vuela, mi carne gira, mi carne invade l’abeja de mi alma. Estoy solo. (Elsa me llama.) Soy la velocidad de Dios a 300,000 kilómetros por segundo. Me hundo al tiempo-espacio de mi boca. Y Elsa toca un cuerpo que me sirve de ataúd en l’apariencia. Estoy entre la mariposa de Dios y la mariposa de Elsa. Estoy a mitad de mí mismo. Me desdoblo de Dios. Me desdoblo de los gammas. Estoy en la convocatoria del sentido. Busco mi mano. Busco mi pluma y toco tintamente el polvo de la galaxia enamorada que me sueña. Me llamo con toda mi alma: ¡Inútil, preciso, fugaz!

¡La mariposa es el Dragón del universo!

Estoy iluminado, solo, antiguo. Llamo a Dios:
“¡oscúrame,
flámame,
absolútame,
acércame,
orgásmame!”
Extiendo el ala y toco la mariposa de la mano de Elsa. Epifaneo y ella sólo oye mis palabras: tropel de fuego en el azogue de las voces. Caballos de Dios que me relinchan. Estoy en medio de la nada y no sé cómo morir, porque no sé cómo he soñado d’esta forma. El universo gira y la mariposa gira. No he tomado una sola palabra del secreto. El gozo ha rozado la mano de Dios. Estoy en el espanto. (Elsa canta por los ojos.) Lo demás es el secreto. ---

¡Lo fugaz!--murmuro.

Dios no está. La mariposa vuela. Estoy solo. Mis ojos han dejado de ver en el instante. Mi corazón es una flauta como la canción de las abejas. Dios se ha apiadado de mí.

La mariposa es el Dragón del universo.

 

 

 

 

 

Macchu Picchu-III

¡Qué extraño eres, Macchu Picchu! ¡Qué

extraña necrofilia tiene tu voz de viento

por las flautas! Qué tiempo teatral te recorre

el alma ¿Qué ciego es ese que te ve

con los ojos mío? ¿Quién ha escrito el nombre
de Yocasta en tus paredes? ¿Quién ha escrito el nombre

de Armida, el nombre de mamá? Hoy que la luz

se dobla como un sueño donde el Huésped

busca en tu vacío la memoria.

¡Que raro es tu polvo junto al polvo

de esos ojos que ruedan en las hojas que vuelan

 

por tu casa vacía! ¿Quién es el alma del eco,

del muerto que orina en tus espejos? ¿Quién

te ha roto los ojos con los huesos míos?

 



 

 

Macchu Picchu-V

 

Mariposas que quiebras las alas en mi alma.

¿Qué sueñas, o qué bebes de mi cuerpo en
tu rayo de sombra que me fulmina?
¿Dónde empieza tu cuerpo en mi delito?

¿Dónde comienzas tú y dónde empiezo yo?
¿No somos acaso lo mismo de la esencia del

tiempo? ¿No eres tú el ser y yo la nada?

¿No eres, tú, el Huésped irreal y yo

la Ariadna cierta que llora por tus besos?

¡Oh, tumba del asombro donde las niñas

sueñan descalzas! ¿Qué hacen los cisnes de Darío

 

en tus ríos de légamo? ¿Qué haces, tú,

en el Hades riéndote de Dios? ¿Qué haces

, Macchu Picchu, soñando con la muerte?

 

 

                   Preparado por Alberto Martínez-Márquez